Guías prácticas
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad

Las fugas de refrigerante suelen ser la partida de alcance 1 que más sorprende en un primer inventario de gases de efecto invernadero: no hay combustión ni factura de por medio, pero cada kilogramo de gas fluorado que escapa de un equipo de frío o de climatización tiene un potencial de calentamiento atmosférico (PCA) muy superior al del CO2, y basta una fuga en una sala de máquinas para desequilibrar todo el alcance 1 de una empresa de servicios o de distribución. Se calcula por balance de masas de las recargas o por un factor de fuga según el tipo de equipo, y en la Unión Europea el Reglamento (UE) 2024/573 de gases fluorados añade, además, revisiones periódicas obligatorias y un registro por equipo que conviene tener listo antes de que lo pida un verificador.
El alcance 1 de una empresa con oficinas, tiendas o pequeñas plantas suele reducirse, en la cabeza de quien prepara el inventario, a combustible de flota y poco más. Los refrigerantes de los equipos de aire acondicionado, las cámaras frigoríficas, los enfriadores de proceso o las salas de servidores quedan fuera del radar porque no generan una factura periódica: el gas se compra una vez, en la instalación, y solo vuelve a aparecer cuando hay que recargar tras una fuga. El problema es que esa recarga, aunque sea pequeña en kilogramos, puede representar toneladas de CO2 equivalente si el refrigerante tiene un potencial de calentamiento alto, como ocurre con muchos HFC todavía en uso.
La otra razón por la que sorprende es que la fuga es, por definición, un dato que nadie mide directamente: se infiere. De ahí que el método de cálculo que se elija determine buena parte de la calidad del resultado.
El GHG Protocol ofrece dos aproximaciones para cuantificar las emisiones fugitivas de refrigerantes, recogidas en sus herramientas de cálculo para el sector de refrigeración y aire acondicionado.
Es el método más preciso cuando se dispone de los datos. Se basa en el principio de que todo el gas que hay que añadir a un equipo cerrado para devolverlo a su carga nominal es gas que se ha fugado desde la última recarga o desde la puesta en marcha. La fórmula, simplificando, es:
El resultado en kilogramos se multiplica por el PCA del refrigerante concreto para obtener toneladas de CO2 equivalente. Este método exige llevar un registro exacto de cada intervención, con el peso de gas añadido o extraído en cada una, algo que en la práctica solo es factible si el mantenedor lo documenta sistemáticamente.
Cuando no hay historial de recargas fiable, o el inventario es el primero que se hace, se recurre a un factor de fuga anual estimado según el tipo de equipo (por ejemplo, un porcentaje de la carga total instalada que se asume perdido cada año en equipos fijos de refrigeración comercial frente a sistemas herméticos de menor riesgo). Es un método más rápido pero también más conservador y menos preciso, y conviene documentar de qué fuente sectorial sale el factor aplicado, porque no hay un valor único aceptado para todos los equipos ni todos los sectores.
| Situación | Método recomendado | Por qué |
|---|---|---|
| Hay registro de mantenimiento con kilogramos por recarga | Balance de masas | Es trazable hasta la factura del mantenedor y más defendible ante un verificador |
| Primer inventario, sin historial de recargas | Factor de fuga por tipo de equipo | Permite estimar sin retrasar el inventario, a la espera de mejorar el dato |
| Equipo hermético de baja carga, sin intervenciones | Factor de fuga bajo o exención documentada | El propio Reglamento (UE) 2024/573 exime de revisión a estos equipos por debajo de umbral |
Sea cual sea el método, documenta el criterio elegido por instalación y mantenlo entre ejercicios: cambiar de balance de masas a factor de fuga de un año a otro sin explicación es una de las inconsistencias que más preguntas genera en una auditoría de huella de carbono. El resultado en toneladas de CO2 equivalente se suma al resto de fuentes de huella de carbono de la organización dentro de alcance 1.
El Reglamento (UE) 2024/573, de 7 de febrero de 2024, sobre gases fluorados de efecto invernadero sustituyó al antiguo Reglamento (UE) n.º 517/2014 y amplió tanto el ámbito de gases regulados (hidrofluorocarburos, perfluorocarburos, hexafluoruro de azufre, trifluoruro de nitrógeno y también hidrofluoroolefinas) como las obligaciones de control para quien opera equipos de refrigeración, aire acondicionado, bombas de calor, aparamenta eléctrica, protección contra incendios, espumas, aerosoles técnicos y disolventes.
La obligación de revisar periódicamente si hay fugas se activa a partir de 5 toneladas de CO2 equivalente de carga en el equipo (o 1 kilogramo para determinados gases del anexo II fuera de espumas), calculadas con los valores de potencial de calentamiento que fija el propio reglamento. La frecuencia depende de la carga:
| Carga del equipo (CO2e) | Frecuencia sin detector | Frecuencia con detector automático de fugas |
|---|---|---|
| Entre 5 y 50 toneladas | Al menos cada 12 meses | Al menos cada 24 meses |
| Entre 50 y 500 toneladas | Al menos cada 6 meses | Al menos cada 12 meses |
| 500 toneladas o más | Al menos cada 3 meses | Al menos cada 6 meses |
Los equipos herméticamente sellados y correctamente etiquetados como tales quedan exentos de estas revisiones si su carga es inferior a 10 toneladas de CO2 equivalente (o 2 kilogramos para los gases del anexo II), y el umbral baja a 3 kilogramos para equipos instalados en edificios residenciales. La aparamenta eléctrica con una tasa de fuga certificada por el fabricante inferior al 0,1% anual también puede quedar exenta si está etiquetada en consecuencia.
Cuando una revisión detecta una fuga, el reglamento exige repararla sin demora injustificada y comprobar la reparación dentro del mes siguiente.
Para cada equipo sujeto a revisión, hay que llevar un registro con, al menos: la cantidad y el tipo de gas fluorado instalado, las cantidades añadidas en cada intervención de mantenimiento con su fecha y motivo, si el gas usado es virgen, reciclado o regenerado, las cantidades recuperadas, las intervenciones realizadas por personal certificado, el resultado de cada revisión de fugas y las medidas adoptadas en el desmantelamiento del equipo. El reglamento exige conservar estos registros un mínimo de cinco años, y son precisamente los documentos que sostienen tanto el balance de masas del apartado anterior como cualquier revisión de un verificador.
El reglamento incorpora además un calendario de restricciones progresivas a la comercialización de equipos nuevos con gases de alto potencial de calentamiento, escalonado por tipo de equipo y potencia entre 2025 y 2035, dentro de la senda de reducción de cuotas de HFC hasta 2050. Antes de planificar una sustitución de equipos, conviene consultar el calendario vigente para tu categoría concreta directamente en el texto del reglamento o con tu proveedor, porque las fechas varían mucho según el tipo de instalación.
La mayoría de los datos de esta partida no los genera el departamento de sostenibilidad: los tiene la empresa de mantenimiento de frío y climatización. Conviene pedirle, para cada equipo y cada visita:
Si el mantenedor solo entrega una factura sin desglose de kilogramos, pídesela desglosada desde el primer contrato: es el documento que sostiene toda la partida y el que un verificador va a pedir primero.
El Reglamento (UE) 2024/573 mantiene, para los HFC del anexo I, los valores de potencial de calentamiento del Cuarto Informe de Evaluación del IPCC (AR4), alineados con el Protocolo de Montreal, mientras que para las hidrofluoroolefinas del anexo II usa valores más recientes del Sexto Informe (AR6) cuando están disponibles. Esto genera una diferencia real con los marcos de reporte de sostenibilidad (GHG Protocol, ESRS E1, SBTi), que trabajan habitualmente con valores AR5 o AR6: la misma fuga, expresada en toneladas de CO2 equivalente, puede dar una cifra distinta según si se calcula con el PCA regulatorio o con el PCA de reporte. Documenta siempre qué informe del IPCC has usado.
| Refrigerante | PCA a 100 años (AR4) | Uso habitual |
|---|---|---|
| R-32 | 675 | Aire acondicionado doméstico y split de nueva generación |
| R-134a | 1.430 | Refrigeración comercial, climatización de vehículos |
| R-410A | 2.088 | Aire acondicionado y bombas de calor (mezcla de R-32 y R-125) |
| R-404A | 3.922 | Refrigeración comercial e industrial de baja temperatura |
| R-744 (CO2) | 1 | Refrigeración industrial y comercial de baja huella, referencia de la escala |
Cuando llega la revisión, el verificador no pregunta cuánto ha emitido la partida de refrigerantes: pregunta de dónde sale cada kilogramo. Un expediente sólido incluye, por instalación, la ficha técnica del equipo con su carga nominal, los partes de mantenimiento del periodo, el resultado de las revisiones de fugas cuando el reglamento las exige, el criterio de cálculo elegido (balance de masas o factor de fuga) y la fuente y año del PCA aplicado a cada refrigerante. Si un equipo cambió de refrigerante durante el ejercicio, por ejemplo por una retrofit hacia un gas de menor potencial de calentamiento, señálalo explícitamente: es un cambio de método que hay que poder explicar, no una anomalía que ocultar.
Sí, cuando el equipo lo opera la propia empresa: son emisiones directas bajo control operacional, según el GHG Protocol. Si el equipo lo gestiona un tercero en una instalación arrendada, hay que documentar quién tiene el control operacional para decidir si entra en alcance 1 o en alcance 3.
Usa el método de factor de fuga por tipo de equipo para el año en curso y documenta que es una estimación mientras implantas el registro de mantenimiento que permitirá pasar a balance de masas en el siguiente ejercicio.
No. Solo los que superan el umbral de 5 toneladas de CO2 equivalente de carga, salvo que sean equipos herméticamente sellados y etiquetados como tales por debajo de su propio umbral de exención.
Para cumplir el Reglamento (UE) 2024/573, el que fija el propio reglamento (AR4 para HFC). Para tu inventario de sostenibilidad, usa el que exija tu estándar de reporte y anota siempre la fuente, porque pueden no coincidir.
Un mínimo de cinco años, según el artículo del reglamento dedicado al registro de equipos.
Reconstruir esta partida equipo a equipo, con su documento fuente detrás, es exactamente lo que resuelve nuestra solución de huella de carbono, que conecta el parte de mantenimiento con el inventario de alcance 1 sin depender de una hoja de cálculo aparte.
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad
Sobre el autor
Bióloga por la Universidad de Santiago de Compostela con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz.
Tras colaborar en estudios universitarios y trabajar como consultora ambiental, ahora aplico mi experiencia en Manglai. Me especializo en dirigir proyectos de sostenibilidad enfocados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Asesoro a clientes en medición y reducción de huella de carbono, contribuyo al desarrollo de nuestra plataforma y realizo formaciones internas. Mi experiencia combina rigor científico con aplicabilidad práctica en el ámbito empresarial.
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