Guías prácticas
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad

El método spend-based calcula las emisiones de una categoría de alcance 3 multiplicando el gasto en euros por un factor de emisión monetario del sector, mientras que el método activity-based (o basado en datos de actividad) multiplica una cantidad física real, como kilos comprados o kilómetros recorridos, por un factor de emisión específico de esa actividad. El primero permite arrancar un inventario sin depender de datos de proveedor; el segundo es el que exige el GHG Protocol para medir reducciones reales y el que acaban pidiendo verificadores y estándares de objetivos climáticos cuando la categoría es material.
El Corporate Value Chain (Scope 3) Standard y su Guía Técnica de Cálculo, del GHG Protocol, describen ambos métodos como formas válidas de estimar emisiones cuando no se dispone de un dato directo de emisiones del proveedor, pero no son intercambiables en cuanto a precisión ni en cuanto a lo que permiten demostrar.
Toma el importe gastado en una categoría de compra (por ejemplo, en material de oficina, en servicios de consultoría o en transporte contratado) y lo multiplica por un factor de emisión expresado en kg de CO2 equivalente por unidad monetaria, normalmente derivado de tablas input-output sectoriales. No necesita ningún dato del proveedor: basta con la contabilidad de compras, clasificada por categoría.
Toma una cantidad física de la actividad, como toneladas de materia prima compradas, kilómetros recorridos por un transportista, kWh consumidos o unidades fabricadas, y la multiplica por un factor de emisión de esa actividad concreta. Dentro de este método hay un tercer nivel, el de datos específicos de proveedor (supplier-specific), que usa directamente la intensidad de emisiones que reporta el proveedor para su producto o servicio, y es el más preciso de los tres.
El gasto es un punto de partida razonable en varias situaciones:
En estos casos, lo razonable es usarlo de forma explícita y documentada, no como solución permanente.
El problema del método basado en gasto no es que sea impreciso en un punto del tiempo: es que se mueve por razones que no tienen nada que ver con las emisiones reales. Dos efectos lo explican:
Por eso una empresa que fija un objetivo de reducción de alcance 3 y sigue midiendo sus categorías principales por gasto puede ver una tendencia que no refleja ningún cambio operativo, en ninguna de las dos direcciones. Es la razón por la que ni el SBTi ni un verificador aceptan el método spend-based como base sostenida para demostrar una reducción de categorías materiales.
La migración no tiene que ser simultánea en las quince categorías del alcance 3: conviene priorizar donde más pesa el inventario.
| Categoría | Dato de gasto (nivel 1) | Dato de actividad (nivel 2) | Dato de proveedor (nivel 3) |
|---|---|---|---|
| Bienes y servicios comprados | Gasto por partida contable | Toneladas o unidades por tipo de material | Huella de producto (EPD, ACV) del proveedor |
| Transporte y distribución | Gasto en fletes contratados | Toneladas-kilómetro por modo de transporte | Emisiones reales reportadas por el transportista |
| Uso del producto vendido | Gasto o unidades facturadas | Vida útil y consumo energético estimado por unidad | Consumo real medido o declarado por el cliente |
El paso práctico de un nivel a otro suele empezar por pedir a los proveedores con más peso en la categoría (no a todos a la vez) que faciliten cantidades físicas o, mejor, su propia huella por unidad de producto. Es exactamente el proceso que describimos en la guía sobre cómo pedir datos de alcance 3 a los proveedores.
Los ESRS E1 (el estándar de clima de la CSRD) exigen describir la metodología usada para estimar las emisiones de alcance 3, incluida la proporción de datos primarios frente a estimados, y no aceptan el gasto como método permanente para las categorías materiales sin explicar el plan de mejora. El SBTi, en su Corporate Net-Zero Standard, exige a las empresas con objetivos de alcance 3 documentar un plan creíble de mejora de la calidad del dato hacia métodos de actividad o de proveedor, y no permite justificar la exclusión de una categoría material simplemente porque el dato es difícil de conseguir.
En la práctica, un verificador que revisa una partida calculada por gasto pregunta tres cosas: qué factor de emisión se ha usado y de dónde sale, si ese factor corresponde de verdad al bien o servicio comprado y no a una categoría genérica poco relacionada, y si existe un plan documentado para sustituirlo por datos de actividad en próximos ejercicios. Sin esas tres respuestas, la partida queda marcada como débil, aunque el cálculo aritmético esté bien hecho.
Imagina una empresa que compra 10.000 kg de un componente metálico por 50.000 euros.
Ninguno de estos dos factores de emisión se debe dar por sabido de memoria: cada factor concreto que uses tiene que venir de una base reconocida (bases input-output nacionales para el spend-based, bases de factores de actividad como las asociadas al GHG Protocol o a inventarios nacionales para el activity-based) y hay que citar la fuente en la documentación del inventario.
Antes de decidir a qué proveedores pedir datos de actividad, conviene hacer un cribado rápido con el propio inventario spend-based del primer año: ordena las categorías de alcance 3 de mayor a menor peso en toneladas de CO2 equivalente y empieza por las tres o cuatro que concentran la mayor parte del total. Migrar una categoría poco material a datos de actividad consume tiempo del equipo de compras sin mover el resultado del inventario; migrar la categoría más pesada, aunque solo sea para los diez o veinte proveedores principales, sí lo mueve. Este cribado de materialidad, documentado, es también lo primero que pide un verificador cuando revisa por qué unas categorías se calcularon con más detalle que otras.
Documenta el plan de migración como tal: qué categorías siguen en gasto este ejercicio, cuáles ya están en datos de actividad, y el calendario previsto para las que faltan. No hace falta terminar la migración en un año, pero sí hace falta poder enseñar el plan cuando se pregunte por qué una categoría material sigue calculada por gasto.
Sí, y es habitual: se usa dato de actividad para los proveedores más grandes o materiales, y gasto para el resto de la cola de proveedores pequeños, siempre que quede documentado qué parte del total se calculó con cada método.
No de forma sostenida en las categorías materiales: al depender del precio y no de la actividad física, no permite demostrar si una reducción reportada es real. Sirve como línea base de partida, no como método de seguimiento del objetivo.
Pedir datos de actividad suele ser más rápido porque muchas veces ya existen en los propios sistemas de compras o logística; pedir datos específicos de proveedor exige que el proveedor tenga su propio inventario o huella de producto calculada, lo que lleva más tiempo pero da el dato más preciso.
Como mínimo, cada vez que cambien de versión las bases de datos de origen, y siempre antes de cada ciclo de reporte, para evitar mezclar factores de años distintos dentro del mismo inventario.
Es un problema de calidad del dato más básico que el método de cálculo: conviene resolverlo primero, con el proceso que describimos en la guía sobre cómo calcular la huella de carbono con datos incompletos.
Automatizar este tránsito de gasto a datos de actividad, con la fuente de cada factor documentada, es una de las funciones centrales de nuestra herramienta de huella de carbono.
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad
Sobre el autor
Bióloga por la Universidad de Santiago de Compostela con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz.
Tras colaborar en estudios universitarios y trabajar como consultora ambiental, ahora aplico mi experiencia en Manglai. Me especializo en dirigir proyectos de sostenibilidad enfocados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Asesoro a clientes en medición y reducción de huella de carbono, contribuyo al desarrollo de nuestra plataforma y realizo formaciones internas. Mi experiencia combina rigor científico con aplicabilidad práctica en el ámbito empresarial.
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