La huella de carbono territorial es el conjunto de emisiones de gases de efecto invernadero generadas dentro de los límites geográficos de un territorio, como un municipio, una comarca o una región. Es una aplicación a escala local y regional del concepto general de huella de carbono y sirve de base para los planes de clima de ayuntamientos y administraciones. A diferencia de la huella de una empresa o un producto, su unidad de análisis es el espacio geográfico y el conjunto de actividades que se desarrollan en él.
Existen dos formas principales de contabilizar las emisiones de un territorio. El enfoque territorial o por producción contabiliza las emisiones que se producen físicamente dentro de las fronteras del territorio, con independencia de dónde se consuman los bienes y servicios. La huella de consumo, en cambio, atribuye al territorio las emisiones asociadas a todo lo que consumen sus habitantes, incluso si se generan fuera. Ambos enfoques son complementarios y ofrecen perspectivas distintas para diseñar políticas de mitigación del cambio climático.
El cálculo de la huella de carbono territorial se apoya en metodologías reconocidas internacionalmente:
Estos marcos permiten elaborar un inventario de emisiones coherente, comparable entre territorios y agregable a escalas superiores.
Un inventario territorial suele cubrir la energía estacionaria (edificios, industria), el transporte dentro del territorio, los residuos, y los procesos industriales y la agricultura cuando son relevantes. La distinción entre emisiones directas y emisiones asociadas a la energía importada es importante, igual que en la contabilidad corporativa la frontera entre alcances determina qué se incluye, un principio que también guía el alcance 3 en las organizaciones.
La huella de carbono territorial es la herramienta de partida para que los gobiernos locales fijen una línea base, establezcan objetivos de reducción y diseñen sus planes de acción por el clima. Permite priorizar medidas, hacer seguimiento del progreso y rendir cuentas ante la ciudadanía y otras administraciones.
Elaborar una huella de carbono territorial fiable presenta varios desafíos. La disponibilidad y la calidad de los datos a escala local suelen ser limitadas, sobre todo en el transporte y en el consumo energético, por lo que muchas veces hay que recurrir a estimaciones y a factores de emisión de referencia. También es importante evitar tanto las omisiones como la doble contabilidad, especialmente en las emisiones asociadas a la energía o a los residuos que cruzan las fronteras del territorio. Por eso resulta clave aplicar una metodología consistente y documentar las hipótesis utilizadas, de modo que los inventarios sean comparables en el tiempo y entre territorios.
Aunque Manglai se centra en la huella de carbono de organizaciones, la lógica de inventario, factores de emisión y planes de reducción es común. Con el software de huella de carbono de Manglai puedes medir y reducir tus emisiones con el mismo rigor metodológico.
Normativa y novedades de producto, una vez al mes.
Empresas que confían en nosotros
La huella ecológica mide la superficie biológicamente productiva necesaria para producir los recursos que consumimos y absorber los residuos que generamos. Te explicamos cómo se calcula y cómo reducirla.
La huella hídrica mide el volumen total de agua dulce que se utiliza, directa e indirectamente, para producir bienes y servicios. Te explicamos sus tres componentes, cómo se calcula y cómo reducirla.
Los indicadores de sostenibilidad ambiental (KPIs) son métricas que miden el desempeño ambiental de una organización, desde las emisiones por alcance hasta la intensidad de carbono o el reciclaje.