La economía de residuo cero, conocida en inglés como Zero Waste, es un modelo de producción y consumo diseñado para que los recursos materiales conserven su valor el mayor tiempo posible y se evite, en la medida de lo posible, que los residuos acaben en vertederos o incineradoras. No significa no generar ningún residuo, sino aplicar de forma sistemática la prevención, la reutilización, el reciclaje y, solo como última opción, la valorización energética.
En lugar de ver los residuos como un subproducto inevitable, este enfoque los considera recursos que deben reincorporarse al ciclo productivo. Es una aplicación práctica de los principios de la economía circular.
El término Zero Waste se asocia al químico Paul Palmer, que lo popularizó en California en los años setenta a partir de la recuperación de productos químicos. El movimiento moderno se consolidó a partir de los años noventa y dos mil, en paralelo al desarrollo de la economía circular impulsada por autores como Walter R. Stahel. En España, diversos territorios (entre ellos Gipuzkoa, Cataluña o la Comunitat Valenciana) han incorporado objetivos de reducción del vertido y estrategias de residuo cero en sus planes de gestión.
El enfoque Zero Waste es aplicable a:
La economía de residuo cero se apoya en la jerarquía de residuos, que ordena las opciones de gestión de la más deseable a la menos deseable:
La Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular fija metas de reutilización y reciclado alineadas con la Directiva (UE) 2018/851, que modificó la Directiva Marco de Residuos 2008/98/CE. La planificación estatal de residuos incorpora indicadores para evaluar la progresión hacia el residuo cero.
Existen esquemas voluntarios para acreditar el desempeño de una instalación o evento. El más reconocido internacionalmente es TRUE (Total Resource Use and Efficiency), gestionado por GBCI, que certifica que se desvía del vertedero, la incineración y el abandono en el entorno al menos el 90 % de los residuos. Sus niveles son Bronze (90-94 %), Silver (95-99 %) y Platinum (100 %). En el ámbito español también existen certificaciones de "Residuo Cero" verificadas por entidades como AENOR o EQA.
El recorrido suele empezar con una auditoría de los flujos de entrada y salida de materiales. A partir de ahí:
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