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4 MAYO, 2026
•
3 MIN
Andrés Cester
CEO & Co-Founder

El cambio climático ya está pasando factura al crecimiento de las empresas. No se trata de escenarios a largo plazo, sino de señales visibles en la operativa diaria: energía más cara, cadenas de suministro más frágiles, procesos más expuestos y clientes que empiezan a exigir información que muchas compañías aún no pueden ofrecer.
World Economic Forum lo cuantifica con claridad: en el 81% de los países, el impacto del cambio climático ya se identifica como un freno al crecimiento económico
Durante años, la sostenibilidad se ha gestionado como un asunto reputacional. Relevante, pero no determinante en la toma de decisiones. Ese marco ha quedado atrás.
Hoy, el clima condiciona costes, márgenes y capacidad competitiva. La diferencia ya no reside en reconocer el impacto ambiental, sino en la capacidad de anticiparse a él y gestionarlo antes de que erosione el negocio.
El dato es claro: en el 81% de los países, el cambio climático se percibe como un freno al crecimiento económico. Además, el 42% de los CEOs ya trata el clima como un riesgo financiero inmediato.
La clave no está solo en el impacto, sino en cómo se materializa dentro de las empresas. Porque no aparece como un gran shock, sino como una suma de fricciones que acaban erosionando el crecimiento.
El aumento del precio de la energía y de materias primas críticas se ha convertido en una de las principales barreras para crecer en la mayoría de economías. No solo supone pagar más, sino también perder capacidad de competir en precio y una reducción del margen para invertir.
Los eventos climáticos extremos afectan a proveedores, transporte y disponibilidad de recursos. Por lo tanto, las cadenas de suministro dejan de ser previsibles. ¿El resultado? Más interrupciones, más costes ocultos y menos capacidad de planificación.
Las condiciones climáticas extremas también están empezando a impactar en la productividad real: menos horas efectivas, menor rendimiento y mayor desgaste operativo.
A medida que el riesgo climático entra en juego, las decisiones dejan de ser solo económicas. Dónde producir, con quién trabajar o en qué invertir empieza a depender también de la exposición ambiental.
Si el cambio climático está frenando el crecimiento económico, la transición verde está haciendo justo lo contrario: concentrar inversión y abrir nuevas vías. Según el World Economic Forum, sectores como el tecnológico, el energético, el industrial o el de servicios asociados a la transición concentrarán buena parte del crecimiento económico en los próximos años .
Detrás de esto hay algo más importante que la sostenibilidad en sí: un cambio en cómo se asigna el capital.
Cada vez más decisiones de inversión, desde fondos hasta banca, incorporan criterios relacionados con el impacto ambiental y la exposición al riesgo climático. ¿Qué quiere decir esto? Pues que las empresas mejor posicionadas tienen más acceso a financiación.
La transición no solo crea oportunidades, también redefine las reglas del mercado. Y es que empieza a ser habitual que:
La sostenibilidad deja de ser un elemento diferencial para convertirse en un requisito de entrada.
En este punto, la mayoría de las empresas ya entienden lo que está pasando, pero no saben cómo aterrizarlo. En la práctica, el bloqueo suele venir de:
Aquí es donde empieza a abrirse la brecha entre las que consiguen operativizar la sostenibilidas y las que se quedan atascadas.
Las compañías que están convirtiendo todo esto en ventaja competitiva no están haciendo más cosas. Están haciendo las correctas, en el orden correcto.
Primero, construyen una base de datos sólida:
Después, automatizan:
Y solo entonces integran esa información en decisiones reales:
De esta forma, la sostenibilidad deja de ser un informe y pasa a ser una herramienta de gestión.
En Manglai ayudamos a empresas a convertir la sostenibilidad en algo operativo: desde la medición hasta el reporting, sin fricción y adaptado a la realidad del negocio.
Porque el cambio climático no es una anomalía puntual. Es el nuevo escenario en el que las empresas tienen que crecer. Y en ese contexto, la diferencia no la marca quién entiende el problema, sino quién es capaz de gestionarlo antes de que empiece a afectar de verdad a su negocio.
Andrés Cester
CEO & Co-Founder
Sobre el autor
Andrés Cester es el CEO de Manglai, empresa que cofundó en 2023. Antes de emprender este proyecto, fue cofundador y co-CEO de Colvin, donde adquirió experiencia en puestos de responsabilidad combinando su visión emprendedora con la gestión de equipos multidisciplinares. Lidera el rumbo estratégico de Manglai mediante el desarrollo de soluciones basadas en inteligencia artificial para ayudar a las empresas a optimizar sus procesos y reducir su impacto ambiental.
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