La neutralidad hídrica es el estado que alcanza una organización cuando reduce al máximo su huella hídrica directa e indirecta y, además, compensa o repone el volumen de agua restante mediante proyectos verificados, de modo que su impacto neto sobre la disponibilidad y la calidad del agua sea neutro o positivo. Es un concepto análogo a la neutralidad de carbono, pero aplicado al recurso hídrico.
A diferencia del carbono, que es un problema global (una tonelada de CO2 tiene el mismo efecto se emita donde se emita), el agua es un recurso intrínsecamente local. Por eso, en la neutralidad hídrica los proyectos de reposición deben desarrollarse, idealmente, en la misma cuenca hidrográfica donde la organización consume el agua, y su valor depende del nivel de estrés hídrico de esa cuenca. Reponer agua en una cuenca con abundancia no compensa el consumo realizado en una zona con escasez hídrica.
El indicador habitual es el ratio de reposición (agua repuesta dividida entre agua consumida). Cuando ese ratio alcanza 1, se considera neutralidad hídrica; cuando lo supera, se habla de organización water positive (hídricamente positiva), es decir, que devuelve a las cuencas más agua de la que consume. Para priorizar dónde actuar se emplean indicadores de escasez como AWARE, cuyo factor de caracterización toma el valor 1 en la media mundial y crece cuanto menor es el agua disponible por zona (un valor de 10 indica una cuenca diez veces más escasa que la media).
Varias grandes empresas han adoptado objetivos de neutralidad o positividad hídrica. Microsoft anunció en 2020 el objetivo de ser water positive en 2030, reponiendo más agua de la que consume y centrando sus proyectos en torno a una cuarentena de cuencas con alto estrés hídrico donde opera; en 2024 presentó además un diseño de centro de datos que no usa agua para refrigeración. The Coca-Cola Company comunicó haber alcanzado en 2015 el objetivo de devolver a las comunidades y a la naturaleza un volumen equivalente al agua utilizada en sus bebidas terminadas. Conviene tratar estas cifras con cautela, ya que dependen de la metodología de cálculo y del alcance considerado por cada empresa.
La neutralidad hídrica va más allá del marketing: es una estrategia de resiliencia frente al riesgo hídrico, cada vez más relevante en sectores intensivos en agua como la alimentación, las bebidas, el textil, la minería o los centros de datos. Además, conecta directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en especial el ODS 6 (agua limpia y saneamiento), y refuerza la información de sostenibilidad de la empresa.
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