La agricultura regenerativa es un enfoque de producción agrícola orientado a restaurar la salud del suelo y los ecosistemas, en lugar de limitarse a mantenerlos o a minimizar el daño. Su objetivo es dejar la tierra en mejor estado del que tenía: con más materia orgánica, más vida microbiana, mayor capacidad de retener agua y más biodiversidad.
No existe una definición única estandarizada ni un sello regulatorio universal que delimite qué es y qué no es agricultura regenerativa. En la práctica se identifica por un conjunto de principios y prácticas más que por un protocolo cerrado, lo que conviene tener presente para evitar el greenwashing cuando se utiliza como argumento comercial sin datos detrás.
Aunque varían según el cultivo, el suelo y el clima, las prácticas más citadas son:
Estas prácticas no se aplican de forma aislada: la lógica regenerativa busca combinarlas para imitar el funcionamiento de un ecosistema natural y mantener el suelo cubierto y vivo el mayor tiempo posible.
Al aumentar la materia orgánica, estas prácticas pueden favorecer el secuestro de carbono en el suelo, convirtiendo la tierra agrícola en un potencial sumidero de carbono y contribuyendo al almacenamiento de carbono. Conviene ser prudente con las cifras: la capacidad de captura depende del tipo de suelo y del clima, puede saturarse con el tiempo y es reversible si se abandonan las prácticas. Por eso las estimaciones de mitigación deben tratarse con cautela y respaldarse con mediciones, en lugar de presentarse como un beneficio garantizado.
Desde 2026, la contabilidad de estas emisiones y remociones cuenta con una referencia común: el estándar del GHG Protocol para el sector de la tierra y las remociones, que fija cómo reportar el carbono del suelo y del cambio de uso del suelo en el inventario corporativo.
Más allá del carbono, la agricultura regenerativa se asocia a beneficios para el capital natural: mejor estructura del suelo, mayor retención de agua, menor escorrentía y recuperación de la biodiversidad. En este sentido encaja dentro de las soluciones basadas en la naturaleza.
Un suelo con más materia orgánica retiene mejor la humedad y reduce las necesidades de riego, lo que tiene un efecto directo sobre la huella hídrica agrícola. Esta mejora en la eficiencia del agua es uno de los argumentos más sólidos a favor de estas prácticas, especialmente en regiones con estrés hídrico donde la disponibilidad de agua condiciona la producción.
Para la industria alimentaria y de bebidas, la agricultura regenerativa es cada vez más relevante como palanca para reducir las emisiones de la cadena de suministro agrícola, que suelen concentrar la mayor parte de su impacto ambiental. Su valor real depende de poder medir y verificar los resultados sobre el suelo, el agua y las emisiones, evitando declaraciones genéricas sin trazabilidad.
El valor de una práctica regenerativa se demuestra con datos. Con el módulo de huella de carbono de Manglai puedes cuantificar las emisiones de tu cadena de suministro agrícola y seguir su evolución con información trazable.
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