La sostenibilidad en el desarrollo de productos consiste en incorporar criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) desde la fase conceptual hasta el final de vida útil de un bien o servicio. Su objetivo es minimizar impactos negativos, maximizar impactos positivos y crear valor duradero para la empresa, el usuario y el entorno. A diferencia de los enfoques correctivos, que sólo actúan tras la producción, este modelo integra la sostenibilidad en cada decisión de diseño, materiales, procesos y logística, garantizando competitividad y cumplimiento regulatorio.
Para comprender plenamente la sostenibilidad de productos, es esencial analizar cada etapa de su ciclo de vida:
Esta etapa abarca la extracción, obtención y procesamiento de las materias primas necesarias para la fabricación del producto.
Se consideran los impactos ambientales asociados a la minería, la deforestación, el consumo de agua y energía, y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
En esta fase se transforman las materias primas en el producto final. Se evalúan los impactos relacionados con el consumo energético, las emisiones de GEI, la generación de residuos, el uso de productos químicos y la gestión del agua.
Esta etapa comprende el traslado del producto desde el lugar de producción hasta el consumidor final. Se analizan las emisiones de GEI derivadas del transporte, el consumo de combustible, la gestión logística y el embalaje utilizado.
Durante su vida útil, el producto puede generar impactos ambientales según su diseño y función. Se evalúa el consumo energético, la generación de residuos durante su uso, la necesidad de mantenimiento y la posibilidad de reparación.
Esta etapa se refiere a la gestión del producto una vez que ha cumplido su función. Se consideran las opciones de reutilización, reciclaje, valorización energética o disposición final en vertederos, así como los impactos ambientales asociados a cada una de ellas.
La huella de carbono, que mide las emisiones de GEI asociadas a un producto, servicio o proceso, juega un papel fundamental en la evaluación de la sostenibilidad de productos. Al cuantificar estas emisiones, las empresas pueden identificar los puntos críticos de su cadena de valor y tomar medidas para reducir su impacto ambiental.
La medición de la huella de carbono se basa en estándares internacionales como el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG Protocol), que proporciona directrices para la contabilidad y reporte de emisiones.
Este enfoque estandarizado permite a las empresas comparar su desempeño ambiental, establecer objetivos de reducción y comunicar sus avances de manera transparente.
Adoptar un enfoque de sostenibilidad en el desarrollo de productos ofrece múltiples beneficios, tanto para las empresas como para el medio ambiente:
Diversas herramientas y metodologías ayudan a las empresas a gestionar la sostenibilidad de sus productos, entre ellas:
El ACV es una metodología estandarizada que permite evaluar el impacto ambiental de un producto a lo largo de todo su ciclo de vida. Proporciona una visión integral y cuantificada de los impactos, lo que facilita la toma de decisiones informadas.
El ecodiseño se centra en integrar criterios ambientales en la fase de diseño de productos. Busca minimizar el impacto ambiental desde el inicio del ciclo de vida, considerando aspectos como la selección de materiales, la eficiencia energética, la durabilidad y la reciclabilidad.
Las etiquetas ambientales, como la etiqueta ecológica europea (Ecolabel) o la huella de carbono, proporcionan información transparente y verificada sobre el desempeño ambiental de los productos, lo que permite a los consumidores tomar decisiones de compra más sostenibles.
Adoptar la sostenibilidad en el desarrollo de productos ya no es opcional: es la condición para competir en mercados regulados, atraer inversión verde y satisfacer la demanda consciente del consumidor. Las organizaciones que integren criterios ASG desde el concepto hasta el retiro obtendrán ahorros tangibles, reducirán riesgos regulatorios y construirán una marca de confianza en la transición hacia una economía baja en carbono y alta en regeneración de recursos.
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