La sostenibilidad lineal es un enfoque de gestión ambiental que busca reducir el impacto negativo de los sistemas productivos tradicionales, basados en el modelo lineal de “extraer, producir, desechar", sin alterar su estructura fundamental. Es decir, intenta hacer más eficiente un modelo que sigue dependiendo de la extracción intensiva de recursos, el consumo desmedido y la generación sistemática de residuos.
Aunque promueve mejoras como la eficiencia energética, la reducción de emisiones o el uso responsable de insumos, la sostenibilidad lineal no cuestiona el crecimiento económico ilimitado ni la lógica extractivista del sistema. Por tanto, es vista como una transición inicial hacia modelos más regenerativos, pero insuficiente para enfrentar los límites planetarios a largo plazo.
El modelo lineal sostenible se centra en “hacer menos daño”: producir con menos agua, emitir menos CO₂, consumir menos energía. En cambio, la economía circular plantea un cambio estructural: eliminar el concepto de residuo, mantener los materiales en uso y regenerar los sistemas naturales.
Estas prácticas reducen la huella ecológica, pero no detienen el deterioro ambiental ni revierten la pérdida de biodiversidad o el agotamiento de recursos.
La sostenibilidad lineal es atractiva para muchos sectores porque:
En entornos corporativos o institucionales conservadores, es percibida como una vía pragmática para cumplir con regulaciones sin cambiar el “core” del sistema.
Numerosos expertos alertan sobre las limitaciones estructurales de este enfoque:
La sostenibilidad lineal puede contribuir a mitigar emisiones, especialmente en sectores como energía, transporte o industria. Sin embargo, sus resultados son limitados:
En contextos de emergencia climática, la reducción incremental no alcanza. Es necesario un enfoque sistémico que aborde tanto la demanda como la oferta, y que priorice la regeneración por encima de la mera mitigación.
Sí. En muchos casos, la sostenibilidad lineal representa una primera fase en la evolución hacia modelos más circulares, regenerativos o distributivos. Mejora procesos, cambia hábitos y genera conciencia.
Sin embargo, es fundamental que no se convierta en un fin en sí mismo, sino que se integre dentro de una visión más ambiciosa y transformadora. Lo contrario puede perpetuar la insostenibilidad bajo un lenguaje tecnocrático o superficialmente ecológico.
Algunas organizaciones han evolucionado hacia modelos post-lineales. Ejemplos:
Estos casos no buscan solo “hacer menos daño”, sino generar impactos positivos en comunidades, ecosistemas y economías locales.
La sostenibilidad lineal fue necesaria para introducir prácticas de eficiencia y responsabilidad en un sistema históricamente destructivo. Pero hoy, ante la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y las desigualdades estructurales, sus límites son evidentes.
El futuro exige una transición hacia modelos que no solo reduzcan impactos, sino que regeneren, redistribuyan y reimaginen nuestras formas de producir, consumir y vivir. La sostenibilidad lineal es un punto de partida, pero no un destino.
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