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Andrés Cester
CEO & Co-Founder

Tu empresa probablemente ya mide su impacto en sostenibilidad. No es raro: alrededor del 79% de las grandes compañías lo hace, y muchas llevan más de una década acumulando datos.
Pero medir ya no es el problema, sino qué se hace con esa información.
En la mayoría de los casos, poco. Solo una minoría de las empresas utiliza realmente esos datos en decisiones como operaciones, compras o diseño de producto. El resto se queda en el reporting.
Esto no es solo una cuestión de madurez en sostenibilidad, sino un desajuste estructural. Las empresas están tomando decisiones con una parte crítica de la información fuera del radar. Y eso, cada vez más, empieza a pasar factura.
Durante la última década, la sostenibilidad ha pasado de ser un elemento reputacional a convertirse en un estándar empresarial. La entrada en vigor de marcos como la CSRD en Europa, el desarrollo de los ESRS o la consolidación de metodologías como el GHG Protocol han obligado a las empresas a medir, estructurar y reportar su impacto con un nivel de detalle cada vez mayor.
El resultado es un volumen de información sin precedentes. Indicadores ambientales, métricas sociales, análisis de doble materialidad, inventarios de emisiones cada vez más completos... En muchos sectores, la medición del impacto está ya tan integrada como la financiera.
Sin embargo, esa sofisticación no ha tenido un reflejo equivalente en la toma de decisiones. Mientras la mayoría de las grandes empresas ya reporta su impacto, solo una parte reducida utiliza esos datos en decisiones relevantes de negocio. Diversos análisis del sector apuntan en la misma dirección: los informes de sostenibilidad son cada vez más extensos, pero rara vez se conectan con las decisiones operativas.
Esta desconexión tiene consecuencias muy concretas en el día a día:
En primer lugar, muchos datos siguen viviendo fuera del flujo operativo. Se generan en equipos de sostenibilidad o a través de consultoras, pero no están integrados en los sistemas donde se toman decisiones.
A esto se suma la propia naturaleza del reporting: información agregada, con periodicidad anual y pensada para explicar lo que ya ha ocurrido. Un formato que encaja con la lógica regulatoria, pero no con la operativa diaria de una empresa.
La complejidad también influye de forma relevante. Especialmente en ámbitos como el alcance 3, donde los datos son fragmentados, dependen de terceros y requieren una capacidad de procesamiento que muchas organizaciones todavía no tienen.
El problema no es de generación de datos, sino de cómo integrarlos en la toma de decisiones. Eso implica transformar el papel del dato:
Incorporar variables ambientales en decisiones reales (como la selección de proveedores o la optimización de procesos) permite detectar riesgos antes de que se materialicen y encontrar oportunidades de eficiencia que, de otro modo, quedan fuera del radar.
El reto ya no es medir el impacto, sino conseguir que esa información se utilice donde realmente se decide. Ahí es donde Manglai introduce un cambio claro al aplicar inteligencia artificial para convertir los datos ambientales en decisiones operativas.
Su enfoque está directamente ligado a la eficiencia. La plataforma automatiza la recogida, el cruce y el análisis de datos, reduciendo de forma significativa el tiempo dedicado a tareas manuales. Lo que antes implicaba semanas de trabajo pasa a resolverse mucho más rápido y con menos errores, lo que termina impactando de forma directa en los costes.
A partir de ahí, la inteligencia artificial permite detectar ineficiencias que normalmente quedan fuera del radar, como procesos con consumos elevados o proveedores con mayor impacto y riesgo asociado. Esto facilita tomar mejores decisiones en compras y cadena de suministro, optimizando costes no solo en el corto plazo, sino también evitando sobrecostes futuros.
Puedes conocer la solución de reporte CSRD de Manglai y cómo convierte los datos en decisiones.
Las empresas ya han hecho una parte importante del camino. Hoy, el desafío es conseguir que esos datos dejen de quedarse en el reporting y pasen a formar parte de la toma de decisiones.
Porque en el contexto actual, la diferencia no la marca quién mide, sino quién es capaz de utilizar esa información para operar mejor.
Andrés Cester
CEO & Co-Founder
Sobre el autor
Andrés Cester es el CEO de Manglai, empresa que cofundó en 2023. Antes de emprender este proyecto, fue cofundador y co-CEO de Colvin, donde adquirió experiencia en puestos de responsabilidad combinando su visión emprendedora con la gestión de equipos multidisciplinares. Lidera el rumbo estratégico de Manglai mediante el desarrollo de soluciones basadas en inteligencia artificial para ayudar a las empresas a optimizar sus procesos y reducir su impacto ambiental.
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