Legislación y regulación
Jaume Fontal
CPTO & Co-Founder
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La taxonomía verde de la UE es un sistema de clasificación que define qué actividades económicas pueden considerarse ambientalmente sostenibles, con criterios técnicos comunes para toda la Unión Europea. Su objetivo es dar a empresas e inversores un lenguaje único sobre sostenibilidad y orientar el capital hacia actividades que contribuyen de verdad a la transición ecológica, evitando el greenwashing.
Está regulada por el Reglamento (UE) 2020/852 y, desde 2025 y 2026, ha sido simplificada de forma significativa por el paquete Ómnibus. En esta guía explicamos qué es la taxonomía, sus seis objetivos ambientales, a quién aplica tras la simplificación y cómo afecta a tu empresa en 2026.
La taxonomía de la UE es una metodología para clasificar las actividades económicas según su sostenibilidad ambiental. Una actividad se considera alineada con la taxonomía cuando cumple cuatro condiciones:
No es una etiqueta voluntaria de marketing: es el marco de referencia que usan inversores, bancos y reguladores para distinguir la inversión sostenible de la que no lo es. Se enmarca en el Pacto Verde Europeo y conecta con la CSRD y el reglamento SFDR de divulgación financiera.
La taxonomía se articula en torno a seis objetivos ambientales. Para estar alineada, una actividad debe contribuir sustancialmente al menos a uno y no perjudicar a los demás:
Este es el cambio más importante para entender la taxonomía a fecha de 2026. Ante las críticas por la carga administrativa, la Comisión Europea aprobó un acto delegado de simplificación, adoptado el 4 de julio de 2025, publicado en el Diario Oficial el 8 de enero de 2026 y en vigor desde el 28 de enero de 2026. Se aplica desde el 1 de enero de 2026, con la opción de aplicarlo ya a los informes del ejercicio 2025. Sus medidas principales son:
El objetivo declarado es reducir la carga administrativa sin renunciar a los fines ambientales. Esta simplificación es coherente con los cambios introducidos en la CSRD, los ESRS y la CSDDD por el mismo paquete Ómnibus.
La obligación de informar sobre el grado de alineación con la taxonomía está vinculada al ámbito de la CSRD. En la práctica, afecta a:
Es importante un matiz de actualidad: la Directiva (UE) 2026/470, la llamada Ómnibus I, elevó los umbrales de la CSRD a más de 1.000 empleados y más de 450 millones de euros de cifra de negocios neta, cumpliendo ambos criterios a la vez, con primeros informes para los ejercicios que empiecen a partir del 1 de enero de 2027. Como el reporte de taxonomía sigue el ámbito de la CSRD, muchas empresas que iban a entrar en olas posteriores han quedado fuera de la obligación. Conviene comprobar caso por caso. Aun así, muchas compañías no obligadas reportan su alineación de forma voluntaria porque sus clientes, bancos o inversores se lo piden.
El proceso, de forma resumida, sigue estos pasos:
El cuello de botella suele ser el dato: para acreditar la contribución climática hace falta una medición rigurosa de la huella de carbono y trazabilidad completa, exactamente la misma base que exige la CSRD.
El reporte de alineación es obligatorio para las empresas y entidades financieras sujetas a la CSRD. El resto puede usar la taxonomía de forma voluntaria, algo cada vez más habitual por exigencia de inversores y clientes.
Se introdujo un umbral de materialidad del 10%, se acortaron las plantillas de reporte y se simplificaron criterios DNSH, con el objetivo de reducir la carga administrativa. El acto delegado se aplica desde el 1 de enero de 2026 y puede aplicarse ya a los informes del ejercicio 2025.
Una actividad es elegible si figura en los actos delegados de la taxonomía. Es alineada si, además, cumple los criterios técnicos de contribución sustancial, el principio DNSH y las garantías mínimas.
Es el indicador que publican las entidades financieras para mostrar qué proporción de sus activos financia actividades alineadas con la taxonomía.
En Manglai ayudamos a las empresas a construir la base de datos ambientales que la taxonomía y la CSRD exigen: medición trazable de la huella de carbono e informes auditables listos para clasificar tus actividades con criterios técnicos.
Jaume Fontal
CPTO & Co-Founder
Sobre el autor
Jaume Fontal es un profesional tecnológico que actualmente ejerce como CPTO (Chief Product and Technology Officer) en Manglai, empresa que cofundó en 2023. Antes de emprender este proyecto, acumuló experiencia como director de tecnología y producto en Colvin y trabajó durante más de una década en Softonic. En Manglai, desarrolla soluciones basadas en inteligencia artificial para ayudar a las empresas a medir y reducir su huella de carbono.
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