Legislación y regulación
4 MARZO, 2026
•
6 MIN
Carolina Skarupa
Product Carbon Footprint Analyst

Cuando la Comisión Europea anunció el Quick Fix, que introducía cambios en los ESRS en 2025, muchas empresas lo interpretaron como una señal de alivio. Después de meses preparándose para el despliegue de la CSRD, cualquier ajuste sonaba a tregua.
Pero 2026 está dejando algo claro: no es una marcha atrás. Es, más bien, un ajuste de ritmo.
El Quick Fix no reduce la ambición del marco europeo de reporting ESG. Lo que hace es suavizar el aterrizaje para evitar que el primer ciclo se convierta en un colapso operativo.
Es una modificación puntual del primer paquete de estándares ESRS pensada para las empresas que ya estaban obligadas a reportar bajo la CSRD. Se adoptó como reglamento delegado de la Comisión Europea en julio de 2025 y se aplica a los ejercicios que empiezan a partir del 1 de enero de 2025. La Comisión entendió que el aterrizaje estaba siendo más complejo de lo previsto y optó por introducir ajustes técnicos para que no fuera abrupto.
No cambia el marco. No redefine la ambición. Simplemente da más margen para organizarse.
Los ajustes son concretos y, sobre todo, temporales.
En el diseño inicial de los ESRS, el segundo y tercer año implicaban añadir nuevas capas de información: más métricas, más detalle y menos excepciones transitorias. El Quick Fix pausa esa progresión.
Durante 2025 y 2026, las empresas pueden mantener un nivel de reporte similar al del primer ejercicio, sin tener que ampliar automáticamente el alcance. En la práctica, significa ganar tiempo para consolidar el sistema de medición antes de aumentar la complejidad.
En el planteamiento inicial, muchas de las medidas transitorias estaban pensadas sobre todo para las empresas más pequeñas. Las grandes empresas de la primera ola (Wave One), las que ya estaban sujetas a la antigua Directiva de información no financiera (NFRD) y reportan desde el ejercicio 2024, tenían menos margen.
El Quick Fix extiende esos alivios temporales a las compañías Wave One. En concreto, durante 2025 y 2026 las grandes empresas con más de 750 empleados pueden acogerse a casi las mismas exenciones de las que ya disfrutaban las de menor tamaño.
Algunos estándares eran especialmente exigentes desde el punto de vista técnico, como biodiversidad (E4) o determinados aspectos sociales en la cadena de valor (S2, S3 y S4). La reforma permite a las empresas Wave One omitir esa información en 2025 y 2026, incluso si el tema se ha identificado como material.
También se mantiene flexibilidad en ciertos impactos financieros anticipados y estimaciones complejas, siempre que estén debidamente justificados.
En el primer paquete de ESRS había disclosures voluntarios. En teoría no eran obligatorios, pero en la práctica muchas empresas los incluían por prudencia. El Quick Fix los suspende en esta fase inicial. Eso reduce carga y, sobre todo, elimina la presión de "por si acaso". Se reporta lo obligatorio. Nada más.
Durante el primer año muchas compañías reportaron más de lo necesario por miedo a interpretar mal la norma. El Quick Fix aporta mayor claridad sobre qué se espera exactamente en cada fase. Eso no rebaja la exigencia, pero sí reduce la incertidumbre. Y cuando hay menos ambigüedad, hay menos tendencia a sobredimensionar el reporting.
El Quick Fix fue una solución de urgencia, no el final del camino. En paralelo, la UE ha reformado el marco a fondo:
Dicho de otra forma: el Quick Fix dio aire en 2025-2026, y la simplificación estructural de los ESRS toma el relevo a partir de ahí.
Aquí está el matiz importante.
El Quick Fix simplifica el arranque, pero no reduce la responsabilidad. Las empresas siguen obligadas a medir, estructurar y reportar información ESG con rigor. Lo único que reconoce el regulador es que ese proceso necesita una curva de aprendizaje.
Dicho de otra forma: el destino es el mismo. Solo cambia la velocidad.
En la práctica, esto significa que:
Pero mientras Bruselas ajusta el calendario, el mercado sigue mirando los números.
El Quick Fix puede dar margen en el plano normativo, pero inversores, entidades financieras y socios estratégicos no han rebajado sus expectativas. Siguen necesitando información clara y sólida para evaluar riesgos, resiliencia y capacidad real de transición. De hecho, la mayoría de las empresas que el Ómnibus deja fuera de la CSRD tiene previsto mantener o ampliar su reporting.
Y lo que piden no es superficial.
Quieren entender:
Cumplir técnicamente con la norma puede ser suficiente para el regulador, pero no necesariamente para el capital. Y esa diferencia es la que, en la práctica, está marcando el nivel de exigencia real.
El primer ciclo tras el Quick Fix está dejando algo muy claro: la complejidad del reporting no está en la norma, sino en cómo se gestionan los datos dentro de la empresa.
Hoy la ventaja es tecnológica.
Automatizar la recogida de datos, tener todas las fuentes conectadas y asegurar trazabilidad ya no es "optimizar procesos". Es la diferencia entre ir apagando fuegos antes de la auditoría o trabajar con control desde el principio.
Manglai conecta las fuentes internas de la empresa, organiza la información según ESRS, automatiza métricas y utiliza su AI Copilot para detectar incoherencias antes de que se conviertan en un problema. Eso se traduce en algo muy práctico: menos trabajo manual, menos errores, menos tiempo persiguiendo datos. Y más tiempo para analizar, decidir y mejorar.
No es solo cumplir con la CSRD. Es tener el informe de sostenibilidad bajo control.
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Al final, los cambios en los ESRS 2025 no hacen que el reporte sea sencillo. Solo dejan más claro dónde está el verdadero reto. Y en un entorno donde la exigencia va a seguir subiendo, tener el dato bien gestionado no es un lujo. Es una ventaja clara.
El llamado "Quick Fix" es el reglamento delegado que la Comisión Europea adoptó en julio de 2025 para facilitar la primera aplicación de los ESRS bajo la CSRD. No supone una eliminación de obligaciones, sino una flexibilización del ritmo y la profundidad inicial del reporting durante 2025 y 2026.
No. Introducen gradualidad, pero mantienen intactos los principios estructurales como la doble materialidad y la auditoría.
No. La doble materialidad sigue siendo el eje estructural del marco ESRS. Las empresas deben evaluar tanto el impacto de los factores ESG en su negocio (materialidad financiera) como el impacto de su actividad en el entorno (materialidad de impacto). Lo que cambia es la claridad operativa y la gradualidad en algunos disclosures, no el principio metodológico.
Al grupo conocido como Wave One: las grandes empresas que ya estaban sujetas a la antigua NFRD y que reportan bajo la CSRD desde el ejercicio 2024. Son las que estrenaron el reporting ESRS y, por tanto, las que más necesitaban margen para consolidar sus sistemas de medición.
No. La obligación de verificación externa se mantiene. Actualmente el nivel exigido es de limited assurance (aseguramiento limitado), con previsión regulatoria de evolucionar hacia reasonable assurance en el futuro. La calidad, trazabilidad y coherencia del dato siguen siendo esenciales.
En la práctica, los cambios se traducen en mayor flexibilidad en el primer ejercicio, priorización basada en materialidad, gradualidad en la profundidad del dato y menor riesgo de sobreinterpretación regulatoria. Sin embargo, la necesidad de contar con datos consistentes, auditables y trazables permanece intacta.
Es posible, pero operativamente complejo. El reporting ESG bajo ESRS implica integrar múltiples fuentes internas, coordinar departamentos, consolidar métricas ambientales, sociales y de gobernanza y prepararse para la auditoría externa. Muchas empresas recurren a soluciones tecnológicas para reducir errores manuales, mejorar la trazabilidad y ganar eficiencia en los ciclos de reporting.
Carolina Skarupa
Product Carbon Footprint Analyst
Sobre el autor
Licenciada en Ingeniería y Gestión Industrial en el Instituto de Tecnología de Karlsruhe con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz. Soy analista de producto en Manglai y asesoro a clientes en la medición de la huella de carbono. Me especializo en desarrollar programas orientados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Mi vocación por la preservación del entorno es clave para la implementación de planes de acción en el ámbito empresarial.
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