Los bonos vinculados a la sostenibilidad, conocidos por sus siglas en inglés SLB (sustainability-linked bonds), son instrumentos de deuda cuyas características financieras o estructurales cambian si el emisor no cumple unos objetivos de sostenibilidad predefinidos. El mecanismo más habitual es un incremento del cupón (step-up): si la empresa no alcanza la meta comprometida, el interés que paga a los inversores sube.
Estos objetivos se denominan objetivos de desempeño en sostenibilidad o SPT, por sus siglas en inglés, y se miden a través de indicadores clave de desempeño (KPI). La lógica es alinear el coste de financiación con el cumplimiento real de los compromisos ambientales o sociales del emisor.
La diferencia esencial frente a los bonos verdes está en el uso de los fondos. En un bono verde, el capital captado se destina a proyectos verdes concretos y trazables. En un SLB, en cambio, los fondos son de uso corporativo general y no están vinculados a un proyecto específico. Lo que se incentiva es el desempeño global del emisor en sostenibilidad, no el destino del dinero. Por eso los SLB se consideran un instrumento de financiación sostenible orientado a resultados.
Los SLB se rigen por los Principios de los Bonos Vinculados a la Sostenibilidad (Sustainability-Linked Bond Principles, SLBP) de la Asociación Internacional de Mercados de Capitales (ICMA). Son directrices voluntarias que aportan transparencia y credibilidad al mercado y se estructuran en cinco componentes básicos:
Los SLBP se actualizaron por última vez en junio de 2024. En junio de 2025, ICMA enriqueció su registro ilustrativo de KPI, incorporando indicadores específicos para emisores soberanos y alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El mercado de SLB se ha enfriado en los últimos años. La emisión de 2024 se redujo hasta unos 38.000 millones de dólares, una caída interanual cercana al 41 %, en un contexto de dudas sobre la ambición de los objetivos y de preocupación por el greenwashing. Entre los emisores destacan grandes empresas como ENEL, pionera de este instrumento, o SNAM, así como emisores soberanos como Tailandia. La credibilidad del instrumento depende de que los KPI sean materiales y los SPT realmente exigentes.
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