El efecto invernadero es un fenómeno natural por el que ciertos gases de la atmósfera retienen parte del calor que la Tierra emite hacia el espacio, manteniendo una temperatura media compatible con la vida. Sin este proceso, la temperatura media del planeta rondaría los -18 grados centígrados en lugar de los aproximadamente 15 grados actuales. El problema surge cuando las actividades humanas intensifican este efecto natural y provocan un calentamiento global acelerado.
La atmósfera se comporta de forma parecida al cristal de un invernadero. La energía solar la atraviesa en forma de luz visible y calienta la superficie terrestre. La Tierra, a su vez, devuelve parte de esa energía en forma de radiación infrarroja (calor).
Aquí entran en juego los gases de efecto invernadero (GEI), presentes de forma natural en la atmósfera. Estos gases absorben y reemiten parte de la radiación infrarroja en lugar de dejar que escape al espacio, lo que calienta las capas bajas de la atmósfera. Ese proceso de absorción y reemisión de calor hacia la superficie es lo que conocemos como efecto invernadero.
La capacidad de cada gas para retener calor se mide con el potencial de calentamiento global (GWP), que permite expresar todas las emisiones en una unidad común, el CO₂ equivalente.
Conviene distinguir el efecto invernadero natural, que es beneficioso y necesario, del efecto invernadero intensificado o reforzado por la acción humana. Desde la Revolución Industrial, la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la agricultura intensiva han aumentado de forma notable la concentración de GEI en la atmósfera.
La concentración de CO₂ superó por primera vez las 430 partes por millón en la medición de mayo de 2025 del observatorio de Mauna Loa, frente a valores en torno a 280 ppm antes de la era industrial. Como consecuencia, según el sexto informe de evaluación del IPCC (AR6), la temperatura media global ya ha aumentado alrededor de 1,1 a 1,3 grados centígrados respecto al periodo preindustrial.
Esta intensificación del efecto invernadero tiene consecuencias significativas sobre el clima:
Para frenar el cambio climático es imprescindible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La huella de carbono es la herramienta que permite medir las emisiones asociadas a un producto, servicio, organización o persona, y es el primer paso para identificar las principales fuentes de emisión y establecer estrategias de reducción.
El Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG Protocol) es el estándar internacional más utilizado para contabilizar y reportar emisiones, y distingue tres alcances:
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