La etiqueta energética es el distintivo obligatorio de la Unión Europea que informa, de forma visual y comparable, sobre la eficiencia energética de un producto. Usa una escala de letras y colores que va de la A (más eficiente, verde) a la G (menos eficiente, rojo) y ayuda a consumidores y empresas a elegir productos que consumen menos energía y, por tanto, tienen un menor coste de uso y una menor huella de carbono.
Introducida en la UE en 1995, la etiqueta energética está regulada actualmente por el Reglamento (UE) 2017/1369, que sustituyó a la antigua Directiva 2010/30/UE y establece el marco común del etiquetado energético en todos los Estados miembros.
Durante años, la mejora de los productos hizo que casi todos los electrodomésticos se concentraran en las clases superiores con etiquetas como A+, A++ y A+++, lo que confundía al consumidor. Para solucionarlo, desde 2021 se aplica una escala reescalada de A a G que elimina los signos "+" y vuelve a dejar la clase A reservada para los productos más eficientes (a menudo vacía al principio, para dar margen a la innovación).
Como consecuencia del reescalado, un aparato que antes era A+++ puede aparecer ahora como clase B, C o inferior, aunque su consumo real no haya cambiado. El reescalado se ha ido aplicando por grupos de productos (frigoríficos, lavadoras, lavavajillas, televisores, lámparas, etc.).
Las nuevas etiquetas incluyen un código QR en la esquina superior derecha. Al escanearlo, el consumidor accede a la ficha del producto en la base de datos europea EPREL (Registro Europeo de Productos para el Etiquetado Energético), donde figura información oficial y comparable. Todos los productos sujetos a etiquetado deben registrarse en EPREL antes de comercializarse en la UE.
Es importante no confundir dos políticas complementarias. La etiqueta energética (Reglamento 2017/1369) es una herramienta de información al consumidor sobre la eficiencia. El ecodiseño fija los requisitos mínimos que un producto debe cumplir para poder venderse: lo hacía la antigua Directiva Ecodesign (2009/125/CE) y, de forma muy ampliada, lo hará el nuevo Reglamento ESPR. Ambas se gestionan de forma coordinada en la UE.
La etiqueta energética es obligatoria para numerosas categorías, como frigoríficos y congeladores, lavadoras y lavavajillas, televisores y pantallas, lámparas y fuentes de luz, aparatos de aire acondicionado y calefacción, o neumáticos. También existe una etiqueta específica para los neumáticos, con su propio marco regulatorio.
Un producto más eficiente (clase A o B) consume menos energía durante su uso y, por tanto, suele generar menos emisiones de gases de efecto invernadero. Por eso la etiqueta energética es una herramienta práctica de descarbonización en hogares y empresas, y se enmarca en los objetivos de eficiencia energética del Pacto Verde Europeo y del paquete Fit for 55.
Herramientas como las de Manglai permiten a las empresas medir sus emisiones en todos los alcances (1, 2 y 3), analizar su consumo energético e identificar oportunidades de mejora. Descubre cómo Manglai puede ayudarte.
Normativa y novedades de producto, una vez al mes.
Empresas que confían en nosotros
La evaluación de huella hídrica (Water Footprint Assessment, WFA) es una metodología sistemática para cuantificar y analizar el uso y la contaminación del agua asociados a productos, procesos, empresas o territorios.
El FASB es el organismo que establece las normas de contabilidad financiera (US GAAP) en EE. UU. No es un regulador de sostenibilidad: te explicamos su verdadera relación con el ESG.
Guía de la Science Based Targets initiative para fijar objetivos basados en la ciencia en agricultura, alimentación y productos forestales, con emisiones y remociones de la tierra y cero deforestación.