El índice de circularidad es un indicador que evalúa el grado en que una organización, sector, territorio o producto opera según los principios de la economía circular. Mide hasta qué punto los recursos de un sistema se mantienen en circulación mediante prevención, reutilización, reparación, reciclaje y valorización, reduciendo la dependencia de materias primas vírgenes y minimizando la generación de residuos.
Se ha convertido en un instrumento central para evaluar políticas públicas, procesos industriales y estrategias empresariales orientadas a la eficiencia de recursos, la descarbonización y la reducción del impacto ambiental. Su uso ha crecido con el Plan de Acción de Economía Circular de la UE, la Estrategia Española de Economía Circular 2030 y los requisitos de reporte de sostenibilidad.
El índice parte de la premisa de que las economías lineales (extraer, producir, consumir y desechar) generan presiones insostenibles sobre los ecosistemas. La economía circular busca mantener los materiales en uso el mayor tiempo posible mediante ciclos biológicos (compostaje, digestión anaerobia) y ciclos técnicos (reparación, remanufactura, reciclaje). El índice cuantifica en qué medida un sistema ha logrado desacoplar su actividad económica del consumo de materiales vírgenes.
No existe una única metodología universal, pero sí referencias ampliamente usadas:
El índice integra información de distintos flujos:
Para su cálculo se emplean herramientas como el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) (ISO 14040/14044), la contabilidad de huella material (Material Footprint) y los sistemas de trazabilidad digital.
Las empresas usan el índice de circularidad para priorizar estrategias de ecodiseño, justificar inversiones en reparación o recuperación, evaluar modelos de negocio basados en la servitización, alinear su reporte con la taxonomía de la UE y demostrar su progreso ante reguladores y consumidores. En sectores como la electrónica se mide cuántos componentes se recuperan tras el fin de uso; en la construcción, el porcentaje de áridos, acero o madera reciclados incorporados a nuevos proyectos.
El índice se vincula cada vez más con la información corporativa de sostenibilidad. El estándar ESRS E5 (uso de los recursos y economía circular) exige a las empresas sujetas a la CSRD informar sobre entradas y salidas de recursos y sobre sus indicadores de circularidad. Además, el Reglamento de Diseño Ecológico para Productos Sostenibles (ESPR) y el pasaporte digital de producto impulsarán datos comparables sobre materiales y reciclabilidad.
El índice se interpreta junto con otros indicadores:
La tendencia, impulsada por la normativa europea, es avanzar hacia indicadores de circularidad más estandarizados, digitales y comparables entre empresas y Estados, integrados en el reporte obligatorio y en la contratación pública verde.
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Empresas que confían en nosotros
El reciclaje de circuito cerrado reincorpora los materiales recuperados al mismo producto o a otro de calidad equivalente, cerrando el ciclo de la materia.
El reciclaje de circuito abierto convierte materiales usados en productos distintos o de menor calidad, cuando no pueden volver a su forma original.
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