La pirólisis es un proceso termoquímico que descompone materiales (residuos orgánicos, plásticos o neumáticos) mediante calor y en ausencia de oxígeno, rompiendo sus cadenas moleculares para transformarlos en productos valiosos como aceites, gases y carbón (biochar). Al no haber combustión, se diferencia de la incineración y se considera una vía de reciclaje químico y de valorización.
Junto con la gasificación, representa una alternativa al depósito en vertedero y a la incineración directa. Con la expansión de la economía circular, la pirólisis es una herramienta para cerrar ciclos productivos y recuperar materiales y energía.
La reacción suele ocurrir entre 300 y 800 °C, dependiendo del material y la tecnología. A temperaturas más bajas predomina la producción de aceite; a temperaturas más altas, la formación de gas de síntesis. Una de sus ventajas es que el propio gas generado puede emplearse para mantener el calor del reactor.
Los equipos modernos incluyen control automatizado para regular la temperatura y el tiempo de residencia.
De forma orientativa, de un kilogramo de residuos plásticos pueden obtenerse en torno a 0,6-0,8 kg de aceite pirolítico, utilizable como sustituto parcial de combustibles o como materia prima química.
La Ley 7/2022 y los planes autonómicos de residuos contemplan la pirólisis dentro de las operaciones de valorización en el modelo de economía circular. A nivel comunitario, la Directiva (UE) 2018/851, que modifica la Directiva Marco de Residuos, abre la puerta a que los productos resultantes se contabilicen como reciclaje cuando se cumplen las condiciones de aprovechamiento de material.
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