El balance hídrico es el ejercicio de contabilidad que cuantifica todas las entradas, salidas y variaciones de almacenamiento de agua en un sistema (una cuenca hidrográfica, un acuífero, un país, una ciudad o una empresa) durante un periodo definido. Igual que un balance financiero refleja la salud económica de una organización, el balance hídrico muestra la disponibilidad y la sostenibilidad del recurso, revelando superávits, déficits y tendencias.
En su forma más básica, el balance hídrico se expresa como la igualdad entre lo que entra, lo que sale y la variación del agua almacenada:
Precipitación = evapotranspiración + escorrentía + variación del almacenamiento.
A escala de cuenca, las entradas principales son la precipitación y los aportes externos; las salidas, la evapotranspiración, la escorrentía superficial y subterránea y las extracciones; y la variación de almacenamiento refleja el agua que se acumula o se pierde en embalses, suelos y acuíferos. Cuando las salidas superan de forma sostenida a las entradas, el sistema entra en déficit hídrico.
El cálculo del balance hídrico combina varias fuentes de información:
El cambio climático altera el balance hídrico, especialmente en regiones mediterráneas: el aumento de las temperaturas eleva la evapotranspiración y, en muchas cuencas, se proyecta una reducción de las precipitaciones. La consecuencia es un balance tendencialmente más deficitario, que obliga a revisar periódicamente los planes hidrológicos de cuenca. Por eso el balance es una herramienta clave para la resiliencia hídrica de los territorios.
En la Unión Europea, la Directiva Marco del Agua exige una planificación hidrológica basada en el conocimiento del estado y el balance de las masas de agua. En Manglai ayudamos a las empresas a medir su huella hídrica y de carbono y a preparar su información de sostenibilidad. Descubre cómo Manglai puede ayudarte.
Empresas que confían en nosotros
La huella hídrica corporativa mide el agua dulce que consume y contamina una empresa, en sus operaciones y en su cadena de suministro. Te explicamos cómo se calcula y para qué sirve.
La huella de carbono en fin de vida son las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la última etapa de un producto: recogida, transporte, tratamiento, reciclaje, valorización o vertido.
La huella de carbono en uso son las emisiones de gases de efecto invernadero que genera un producto o activo durante su fase de utilización, sin contar la fabricación ni el fin de vida.
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