La escasez hídrica es la situación en la que la demanda de agua supera de forma persistente la disponibilidad de recursos hídricos renovables en una región determinada. Esta insuficiencia puede ser física (no hay suficiente agua), económica (existe el recurso pero falta acceso) o institucional (no hay capacidad para gestionarlo de forma equitativa y eficiente). Es un fenómeno estructural que compromete la seguridad hídrica, energética, alimentaria y sanitaria de millones de personas.
Según el Aqueduct Water Risk Atlas del World Resources Institute (WRI), 25 países, que concentran una cuarta parte de la población mundial, sufren un estrés hídrico extremadamente alto y utilizan cada año al menos el 80 % del agua de la que disponen. La tendencia se agrava con el crecimiento demográfico, la urbanización, el cambio climático y la sobreexplotación de acuíferos.
Se produce cuando no hay suficiente agua dulce para cubrir las necesidades de los ecosistemas y los usuarios. Es típica de regiones áridas o semiáridas como el norte de África, Oriente Medio o el sureste de España, y también de cuencas con alta presión por usos agrícolas, industriales o turísticos.
Aunque haya agua disponible, la población no puede acceder a ella por falta de infraestructuras, tecnologías o recursos financieros. Es común en países del sur global y es, en esencia, un problema de gobernanza hídrica.
Deriva de una mala planificación, la descoordinación entre administraciones o la falta de datos fiables. Puede observarse incluso en territorios con recursos suficientes pero con gestión ineficaz o conflictos de competencias.
La escasez hídrica no es irreversible. Existen soluciones técnicas, institucionales y sociales, sobre todo si se actúa de forma preventiva:
Operar en regiones con escasez hídrica implica riesgos operativos, financieros y reputacionales, por lo que las empresas deben integrar este factor en su análisis de materialidad y en sus planes de continuidad de negocio.
Cada vez más marcos de reporte exigen información sobre la gestión del agua y la exposición a zonas con escasez: el CDP Water Disclosure, los estándares SASB o el estándar europeo ESRS E3 (recursos hídricos y marinos). La escasez hídrica es un límite físico al crecimiento, y gestionarla de forma anticipada y justa es condición necesaria para una economía resiliente.
En Manglai ayudamos a las empresas a medir su huella ambiental y a analizar su riesgo hídrico para anticiparse a la escasez. Descubre cómo Manglai puede ayudarte.
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