Sostenibilidad empresarial
11 FEBRERO, 2026
•
6 MIN
Andrés Cester
CEO & Co-Founder

El packaging se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción entre sostenibilidad, regulación y negocio. La presión normativa, el aumento de costes de materias primas y las exigencias de transparencia obligan a las empresas a repensar sus envases desde una lógica circular.
La economía circular aplicada al packaging consiste en rediseñar envases, materiales y modelos de uso para mantener los recursos en circulación el mayor tiempo posible, minimizar residuos y reducir la dependencia de materias primas vírgenes. No se trata solo de reciclar, sino de eliminar el residuo desde el diseño.
En este artículo analizamos cómo aplicar la circularidad al envase de forma realista, qué obliga el nuevo Reglamento (UE) 2025/40 (PPWR), qué materiales están marcando el futuro del sector y cómo conectar el diseño de envases con el cumplimiento normativo y el reporting bajo CSRD.
La economía circular en packaging se traduce en decisiones técnicas medibles: selección de materiales compatibles con infraestructuras reales de reciclaje, reducción de peso, monomaterialidad, reutilización y recarga, reciclabilidad efectiva y trazabilidad de materiales secundarios.
Cada decisión de diseño tiene implicaciones directas en costes, cumplimiento regulatorio y reporting ESG. El ecodiseño aplicado a envases es la herramienta que conecta todas estas variables desde la fase inicial del producto.
El packaging es uno de los flujos de residuos más regulados, visibles y cuantificables. Los envases representan una parte muy significativa de los residuos municipales que se generan en España y en la Unión Europea, lo que convierte al sector en un foco prioritario de regulación, fiscalidad ambiental y control administrativo.
Además, los envases están directamente vinculados a la responsabilidad ampliada del productor (RAP), al Registro de Productores de Producto (RPP) y a indicadores exigidos por la CSRD. Las empresas que transforman su estrategia de packaging reducen riesgos regulatorios, optimizan costes a medio plazo y refuerzan su posicionamiento ESG ante clientes e inversores.
El Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases (PPWR) es la nueva norma europea que marca el ritmo de la circularidad del sector. Entró en vigor el 11 de febrero de 2026 y, tras un periodo transitorio, será de aplicación general a partir del 12 de agosto de 2026, momento en que sustituye en gran medida a la antigua Directiva 94/62/CE.
Entre sus exigencias destacan que todos los envases puestos en el mercado deberán ser reciclables conforme a criterios técnicos armonizados (con objetivos plenos a partir de 2030), porcentajes mínimos de contenido reciclado en envases de plástico, objetivos de reutilización para determinados formatos, requisitos de reducción de envases superfluos y la restricción de sustancias preocupantes como los PFAS en envases alimentarios desde agosto de 2026.
El detalle completo de plazos y obligaciones lo desarrollamos en la guía sobre el Reglamento UE 2025/40 sobre envases. A nivel español, conviene leerlo junto al Real Decreto 1055/2022 sobre envases y RAP.
La innovación en packaging responde a la convergencia de varios factores estructurales.
Desde el punto de vista regulatorio, el PPWR, la Ley 7/2022 de residuos y el Real Decreto 1055/2022 imponen objetivos de reciclabilidad, reducción y reutilización, penalizando diseños no alineados con la economía circular.
A esto se suma la volatilidad en los precios de materias primas, que acelera la adopción de materiales secundarios, y la presión del mercado: distribuidores, clientes finales e inversores penalizan envases que no cumplen criterios claros de circularidad y trazabilidad.
La innovación en materiales evoluciona hacia soluciones más simples, trazables y compatibles con los sistemas existentes.
Los plásticos reciclados de alta calidad, como el rPET o el rHDPE, se consolidan como estándar en múltiples sectores. El foco ya no está solo en el porcentaje de contenido reciclado, sino en la trazabilidad del material, la calidad alimentaria y la estabilidad del suministro.
Los envases monomaterial ganan protagonismo al facilitar el reciclaje real frente a estructuras multicapa difíciles de separar. Esta simplificación técnica tiene impacto directo en costes RAP y en indicadores de circularidad.
En cuanto a los bioplásticos, su aportación es limitada y muy dependiente del contexto: solo generan valor ambiental cuando son compatibles con los sistemas de reciclaje o compostaje existentes y se gestionan correctamente. El papel y cartón avanzados, con recubrimientos barrera sin plástico, permiten sustituir determinados envases multicapa cuando no se requiere una barrera extrema.
No toda innovación en packaging es circular ni viable a gran escala. Existen soluciones que funcionan en entornos piloto pero fracasan al trasladarse al mercado.
Los materiales sin infraestructura de gestión, los envases compostables sin recogida diferenciada o las soluciones con baja viabilidad industrial generan riesgos de incumplimiento y greenwashing. La innovación sin escalabilidad no reduce impacto y puede aumentar la carga administrativa y reputacional de la empresa.
Cada decisión de diseño tiene impacto directo en costes y obligaciones: el peso del envase, la complejidad del material y su reciclabilidad real influyen en las tarifas de los SCRAP, en las obligaciones de declaración en el RPP y en los indicadores exigidos bajo CSRD.
Reducir peso, simplificar materiales y mejorar la reciclabilidad efectiva disminuye tanto los costes económicos como el esfuerzo administrativo asociado al cumplimiento. La declaración anual de envases en el RPP es uno de los puntos donde estas decisiones se materializan.
La circularidad del packaging debe medirse con indicadores claros y accionables: el porcentaje de material reciclado permite evaluar el cumplimiento normativo, mientras que los kilogramos de envase por unidad de producto reflejan la eficiencia del diseño.
La reciclabilidad real del envase mide su impacto ambiental efectivo, más allá de las declaraciones teóricas, y el coste RAP asociado permite controlar el impacto financiero de las decisiones de diseño. Estos indicadores deben integrarse en los sistemas ESG para garantizar consistencia y auditabilidad.
Los estándares ESRS, en particular el ESRS E5 sobre uso de recursos y economía circular, exigen información detallada sobre uso de recursos, generación de residuos y estrategias de circularidad. El packaging es una de las fuentes de datos más relevantes y fácilmente auditables del reporting de sostenibilidad.
Las empresas que conectan el diseño de envases con sus procesos de reporting ganan eficiencia y credibilidad. Plataformas como Manglai permiten centralizar datos de packaging, RAP, residuos y circularidad en un único sistema alineado con CSRD.
Uno de los errores más frecuentes es priorizar la imagen frente a la viabilidad técnica, adoptando soluciones poco compatibles con la realidad operativa. También es habitual no involucrar a proveedores desde las fases iniciales de diseño o desconectar el rediseño de envases del reporting ESG.
La ausencia de indicadores claros y gobernanza interna convierte la circularidad en un ejercicio puntual en lugar de una estrategia estructural. La economía circular exige gestión, datos y coherencia, no solo innovación material.
La economía circular en el packaging se ha convertido en un eje estratégico que combina innovación, cumplimiento normativo y eficiencia económica. Las empresas que adoptan una visión crítica, basada en datos y alineada con el PPWR, transforman el packaging de un riesgo operativo en una ventaja competitiva real.
Para anticiparte al PPWR y conectar el diseño de tus envases con el reporting de residuos y circularidad, puedes apoyarte en el módulo de gestión de residuos de Manglai.
No. Un envase solo es circular si se recicla de forma efectiva en la práctica, no solo en teoría.
No necesariamente. Su impacto depende del contexto, la infraestructura de gestión disponible y su correcta separación.
El Reglamento (UE) 2025/40 entró en vigor en febrero de 2026 y es de aplicación general desde el 12 de agosto de 2026.
Sí, cuando se diseña de forma sistémica y basada en datos, reduciendo peso, tarifas RAP y complejidad de gestión.
Andrés Cester
CEO & Co-Founder
Sobre el autor
Andrés Cester es el CEO de Manglai, empresa que cofundó en 2023. Antes de emprender este proyecto, fue cofundador y co-CEO de Colvin, donde adquirió experiencia en puestos de responsabilidad combinando su visión emprendedora con la gestión de equipos multidisciplinares. Lidera el rumbo estratégico de Manglai mediante el desarrollo de soluciones basadas en inteligencia artificial para ayudar a las empresas a optimizar sus procesos y reducir su impacto ambiental.
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