Guías prácticas
22 ABRIL, 2026
•
5 MIN
Andrés Cester
CEO & Co-Founder

El sector de la construcción en Europa entra en una nueva fase regulatoria. El nuevo Reglamento de Productos de la Construcción redefine cómo deben diseñarse, fabricarse y comercializarse los productos, pero sobre todo introduce algo más profundo: la obligación de trabajar con datos estructurados, también ambientales.
Aunque su despliegue será progresivo, 2026 marca el inicio de su aplicación real. Y con ello, el paso de la teoría a la práctica.
El Reglamento de Productos de la Construcción (RPC) establece las normas para comercializar productos en la Unión Europea bajo el marcado CE.
Define cómo deben:
No se limita a la seguridad de un producto o a cómo funciona. El nuevo enfoque incorpora de forma creciente la sostenibilidad y la gestión de datos.
Impacta a toda la cadena de valor:
La principal novedad no es solo el contenido del reglamento, sino que ahora existe un plan de trabajo oficial (2026–2029) que define cómo se va a aplicar. Esto introduce tres cambios clave para las empresas:
El despliegue no será uniforme, sino que se organiza por familias de productos como:
Cada una tendrá su propio calendario, normas técnicas y requisitos.
El plan establece fechas concretas para el desarrollo de normas y su obligatoriedad.
El reglamento no impone de golpe la obligación de reportar huella de carbono, lo que hace es:
Incluye:
Además, la Comisión está desarrollando datasets europeos de referencia para calcular estos impactos. Es decir, no solo tendrás que reportar, tendrás que hacerlo con una metodología común.
El nuevo reglamento no introduce una única obligación, sino un cambio estructural en cómo se gestiona la información de producto.
Las empresas deben seguir emitiendo la Declaración de Prestaciones (DoP), que incluye:
La novedad es clara:
El reglamento impulsa la incorporación de:
En la práctica, esto implica que las empresas necesitan datos trazables, verificables y estructurados, no estimaciones generales.
Uno de los cambios más relevantes es la forma en la que se gestiona la información.
Se impulsa:
Esto implica que los datos deben ser:
El reglamento amplía las obligaciones más allá del fabricante:
Esto obliga a:
El marcado CE sigue siendo el elemento central, pero con cambios:
Hasta ahora, muchas organizaciones han trabajado con la información justa para cumplir. Unos datos técnicos, una documentación bien preparada y listo. El problema es que ese modelo ya no es suficiente. A partir de ahora, no solo hay que declarar información, hay que poder sostenerla en el tiempo, actualizarla y, sobre todo, conectarla.
Porque los datos que pide el reglamento no viven en un solo sitio. Están repartidos entre producción, compras, sostenibilidad o calidad. Y cuando llega el momento de responder a un requisito, lo habitual es empezar a buscarlos, reconstruirlos o, directamente, estimarlos.
También cambia la relación con el producto. Antes bastaba con saber que cumplía. Ahora hay que explicar cómo se comporta, qué impacto tiene y de dónde salen esos datos. Y eso exige un nivel de trazabilidad que muchas empresas todavía no tienen del todo resuelto.
Por eso, el impacto real del reglamento no está tanto en una nueva obligación concreta como en algo más transversal: la forma en la que las empresas gestionan su información. Quien consiga tener ese control, podrá adaptarse sin fricción.
Cuando se baja todo esto a la realidad de una empresa, el reto deja de ser entender la norma y pasa a ser mucho más concreto: cómo organizar, mantener y utilizar toda esa información sin que cada cambio regulatorio suponga empezar de cero.
Porque el problema no suele ser la falta de datos, sino que están dispersos, en formatos distintos y sin una estructura que permita trabajar con ellos de forma ágil. Y cuando llegan nuevas exigencias, el esfuerzo se multiplica.
Aquí es donde tiene sentido apoyarse en soluciones diseñadas específicamente para este tipo de contexto. Manglai permite centralizar toda la información de producto en un único sistema, conectar datos que hoy están separados y automatizar procesos que, de otra forma, requieren tiempo y recursos cada vez que hay que reportar. Desde el cálculo de indicadores ambientales hasta la preparación de la información necesaria para cumplir con el reglamento, el objetivo es claro: que el cumplimiento no dependa de rehacer el trabajo continuamente.
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En un escenario donde las exigencias van a crecer de forma progresiva y por fases, tener esta base bien construida marca la diferencia. No solo para cumplir, sino para hacerlo sin fricción y con capacidad de adaptación.
Porque el reglamento va a seguir evolucionando. Así que la pregunta no es si habrá más requisitos, sino si la empresa está preparada para asumirlos sin que cada cambio se convierta en un problema operativo.
Establece cómo deben diseñarse, fabricarse, evaluarse y comercializarse los productos de construcción en la Unión Europea, incluyendo la información que deben declarar.
Aunque entró en vigor en 2024, su aplicación comienza el 8 de enero de 2026 y se desarrollará de forma progresiva.
No de forma inmediata en todos los casos, pero el reglamento introduce el marco para que esta información sea obligatoria progresivamente.
Se amplían los requisitos de información, se incorporan criterios ambientales y se impulsa la digitalización de los datos de producto.
Principalmente a fabricantes, importadores y distribuidores de productos de construcción, aunque también impacta a otros actores de la cadena.
Empezar a preparar sus datos: identificar qué información tienen, estructurarla correctamente y asegurar que pueden cumplir con los futuros requisitos.
Andrés Cester
CEO & Co-Founder
Sobre el autor
Andrés Cester es el CEO de Manglai, empresa que cofundó en 2023. Antes de emprender este proyecto, fue cofundador y co-CEO de Colvin, donde adquirió experiencia en puestos de responsabilidad combinando su visión emprendedora con la gestión de equipos multidisciplinares. Lidera el rumbo estratégico de Manglai mediante el desarrollo de soluciones basadas en inteligencia artificial para ayudar a las empresas a optimizar sus procesos y reducir su impacto ambiental.
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