La huella de residuos cuantifica la masa total de desechos generada por una organización, proceso o producto, normalmente ponderando cada flujo según el tratamiento final que recibe. De este modo, una tonelada enviada a reciclaje no «pesa» lo mismo que una tonelada destinada a vertedero, lo que permite reflejar no solo cuánto residuo se genera, sino también cómo se gestiona.
Es una métrica práctica para traducir la economía circular en datos accionables y se apoya en la jerarquía de residuos (prevención, preparación para la reutilización, reciclaje, otras valorizaciones y, por último, eliminación). Conceptualmente está emparentada con la contabilidad de costes de flujos de materiales (MFCA, norma ISO 14051).
La gestión de residuos es uno de los aspectos que las empresas sujetas a la Directiva de información corporativa en sostenibilidad (CSRD) deben reportar, en concreto a través del estándar ESRS E5 sobre uso de los recursos y economía circular.
Conviene tener presente que el alcance de la CSRD se modificó con la Directiva Ómnibus I (Directiva (UE) 2026/470, en vigor desde marzo de 2026), que elevó los umbrales de aplicación a empresas con más de 1.000 empleados y más de 450 millones de euros de cifra de negocio. Disponer de una métrica homogénea de residuos facilita preparar esta información y comparar el desempeño entre plantas o ejercicios.
El cálculo de la huella de residuos suele seguir estos pasos:
Las estrategias para reducir la huella de residuos siguen el orden de la jerarquía:
Mejorar la circularidad de los residuos suele reducir también la huella de carbono de alcance 3 (en la categoría de residuos generados en las operaciones), reforzando el desempeño climático. Además, el uso sostenible de los recursos y la transición a una economía circular figuran entre los objetivos de la Taxonomía de la UE.
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Impacto ambiental, sobre todo en emisiones de gases de efecto invernadero, del consumo de electricidad de una persona, empresa o territorio. Coincide con las emisiones de alcance 2.
La huella hídrica agrícola mide el agua dulce verde, azul y gris consumida y contaminada para producir alimentos. Es clave para la seguridad alimentaria y la gestión sostenible del agua.
Volumen de agua dulce superficial y subterránea que se extrae de ríos, lagos, embalses y acuíferos y se consume (no retorna a la misma cuenca) para producir bienes y servicios.