Legislación y regulación
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad

La contaminación atmosférica es la presencia en el aire de sustancias, en forma de gases o partículas, en concentraciones que pueden dañar la salud de las personas, los ecosistemas y los materiales. Para las empresas es a la vez un impacto que generan y un ámbito cada vez más regulado, por lo que conviene entender qué contaminantes emiten sus actividades, qué obligaciones legales aplican y cómo medir y reducir esas emisiones.
A diferencia de los gases de efecto invernadero, que calientan el planeta a escala global, los contaminantes atmosféricos clásicos (partículas, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, ozono) actúan sobre todo a escala local y regional, sobre la calidad del aire que respiramos. Ambos problemas comparten, sin embargo, muchas fuentes: la combustión de combustibles fósiles en el transporte, la industria y la energía.
En 2024 la Unión Europea aprobó una nueva directiva de calidad del aire que endurece los límites legales, y en España las ciudades avanzan con las zonas de bajas emisiones. Este artículo resume el panorama para una empresa que quiere cumplir y gestionar bien su huella sobre el aire.
Los contaminantes con mayor incidencia sobre la salud y el medio ambiente, y que la normativa vigila, son:
Las emisiones de una organización se agrupan en tres grandes bloques:
La combustión en calderas y hornos, los procesos de fabricación, la manipulación de materiales pulverulentos y el uso de disolventes generan partículas, SO2, NOx y COV. Las grandes instalaciones industriales están sujetas a autorización ambiental integrada y a valores límite de emisión específicos.
La quema de gas natural, gasóleo o carbón para producir calor o electricidad es una fuente directa de contaminantes. Mejorar la eficiencia energética y electrificar procesos con energía renovable reduce simultáneamente contaminantes y emisiones de carbono.
Las flotas de vehículos y el reparto de mercancías emiten NOx y partículas. Apostar por el transporte sostenible, renovar la flota y optimizar rutas es una de las palancas más eficaces, sobre todo para empresas con actividad urbana.
La referencia europea vigente es la Directiva (UE) 2024/2881 sobre la calidad del aire ambiente y una atmósfera más limpia en Europa, adoptada el 23 de octubre de 2024. Refunde las directivas anteriores, rebaja los valores límite de contaminantes como las PM2.5 y el NO2 con horizonte 2030 para acercarlos a las recomendaciones de la OMS, y refuerza la vigilancia, la información al público y el derecho a indemnización. Los Estados miembros deben transponerla a más tardar el 11 de diciembre de 2026.
En España, el marco de calidad del aire lo fija el Real Decreto 102/2011, relativo a la mejora de la calidad del aire, modificado por el Real Decreto 34/2023, que transpuso las directivas europeas previas y que deberá adaptarse a la de 2024. Regula los objetivos de calidad para partículas, NO2, SO2, ozono, benceno, monóxido de carbono y metales, y obliga a las administraciones a vigilar y, cuando se superan los umbrales, a aprobar planes de mejora.
A este marco de calidad del aire se suman instrumentos climáticos como el mercado de emisiones (ETS), que pone precio al carbono de las grandes instalaciones industriales y energéticas, y la Ley 7/2021 de cambio climático y transición energética, que impulsa las zonas de bajas emisiones en las ciudades. Aunque persiguen objetivos distintos (clima y aire), sus efectos se refuerzan.
Las zonas de bajas emisiones (ZBE) son áreas urbanas donde se restringe el acceso a los vehículos más contaminantes en función de su etiqueta ambiental. La Ley 7/2021 obliga a los municipios de más de 50.000 habitantes a establecerlas, y su desarrollo mediante el Real Decreto 1052/2022 marca requisitos comunes. Para las empresas con reparto o flota en ciudad, las ZBE condicionan qué vehículos pueden circular y empujan hacia la electrificación.
La relación con el clima es directa: casi todas las medidas que reducen contaminantes del aire (menos combustión fósil, más eficiencia, más electrificación) reducen también las emisiones que provocan el cambio climático. Medir bien ambos permite priorizar inversiones que dan doble beneficio.
Medir es el primer paso. Según el tamaño y el sector, una empresa puede combinar mediciones directas en focos de emisión (chimeneas, conductos) con estimaciones basadas en consumos y factores de emisión. Para el conjunto de la actividad, calcular el impacto ambiental y la huella de carbono ayuda a localizar los focos que más pesan.
Algunas medidas de reducción habituales:
El marco de movilidad está evolucionando deprisa. Para entender cómo afecta al transporte, puedes leer el artículo sobre cómo la Ley de Movilidad Sostenible está cambiando el sector del transporte.
La contaminación atmosférica agrupa sustancias que dañan la salud y el entorno a escala local y regional, como partículas, NOx o SO2. Los gases de efecto invernadero, como el CO2 o el metano, calientan el planeta a escala global. Comparten muchas fuentes, en especial la combustión de combustibles fósiles, pero se regulan con marcos distintos.
El marco general es el Real Decreto 102/2011, que fija objetivos de calidad del aire, junto con la nueva Directiva (UE) 2024/2881, que debe transponerse antes del 11 de diciembre de 2026. Las grandes instalaciones industriales cuentan además con autorización ambiental y valores límite de emisión propios.
Sí. Buena parte de las fuentes de carbono son también fuentes de contaminantes atmosféricos, así que medir y reducir la huella de carbono suele reducir en paralelo las emisiones que degradan la calidad del aire.
Reducir la contaminación atmosférica de tu empresa empieza por medir. Con Manglai puedes calcular la huella de carbono de tus operaciones, identificar las fuentes de combustión, energía y transporte que más contaminan y planificar reducciones con datos fiables, alineando el cumplimiento de la normativa de aire con tus objetivos climáticos.
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad
Sobre el autor
Bióloga por la Universidad de Santiago de Compostela con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz.
Tras colaborar en estudios universitarios y trabajar como consultora ambiental, ahora aplico mi experiencia en Manglai. Me especializo en dirigir proyectos de sostenibilidad enfocados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Asesoro a clientes en medición y reducción de huella de carbono, contribuyo al desarrollo de nuestra plataforma y realizo formaciones internas. Mi experiencia combina rigor científico con aplicabilidad práctica en el ámbito empresarial.
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