La agricultura de carbono o carbon farming es el conjunto de prácticas agrícolas y forestales que capturan y almacenan carbono en los suelos y la biomasa, o que reducen las emisiones de los suelos. Su rasgo distintivo es que el carbono retenido o evitado puede cuantificarse y, en su caso, dar lugar a la generación de créditos.
Es un concepto orientado al resultado, el carbono, más que a una filosofía agronómica concreta, por lo que se solapa en buena medida con la agricultura regenerativa, que comparte muchas de sus prácticas pero pone el foco en la salud global del suelo y no solo en el balance de carbono.
El carbon farming actúa por dos vías complementarias:
El carbono adicional efectivamente capturado puede entenderse como una forma de remoción de carbono cuando supone retirar CO2 de la atmósfera y mantenerlo almacenado.
En la Unión Europea, la agricultura de carbono se enmarca en el Reglamento (UE) 2024/3012, de 27 de noviembre de 2024, que establece un marco de la Unión para la certificación de las absorciones permanentes de carbono, la agricultura de carbono y el almacenamiento de carbono en productos (conocido por sus siglas en inglés como CRCF). Está en vigor desde el 26 de diciembre de 2024 y sus rasgos clave son:
El reglamento busca aportar rigor, calidad y trazabilidad, y reducir el riesgo de greenwashing en un mercado donde no todas las afirmaciones de captura de carbono son equivalentes. Las metodologías de certificación por tipo de actividad se aprueban mediante actos delegados posteriores, por lo que conviene comprobar cuáles están disponibles antes de planificar un proyecto.
Cuando los resultados se certifican, la agricultura de carbono puede dar lugar a créditos de carbono, que generan ingresos para agricultores y propietarios forestales. Conviene recordar las cautelas habituales de estas prácticas: la permanencia del carbono en el suelo no está garantizada, puede saturarse y revertirse, por lo que la calidad de la medición y la verificación es determinante para que un crédito tenga valor real.
Más allá de los créditos, el carbon farming aporta beneficios al capital natural, como una mejor estructura del suelo y mayor retención de agua, y puede integrarse en las estrategias de reducción de emisiones de la cadena de suministro alimentaria.
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