Reducción de emisiones
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad

La agricultura regenerativa es un conjunto de prácticas agronómicas orientadas a restaurar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y mejorar el ciclo del agua, a la vez que se produce alimento. A diferencia de un modelo que se limita a "no dañar", busca dejar el ecosistema en mejor estado que el de partida, y una de sus consecuencias más relevantes para el clima es su capacidad de reducir la huella de carbono del sector agrario y de capturar carbono en el suelo.
En resumen: al mantener el suelo cubierto, minimizar su remoción y aumentar la aportación de materia orgánica, la agricultura regenerativa reduce ciertas emisiones y favorece el almacenamiento de carbono en forma de materia orgánica del suelo.
No existe una definición normativa única, pero hay un amplio consenso sobre sus principios: minimizar la perturbación del suelo, mantenerlo cubierto de forma permanente, maximizar la diversidad de cultivos, conservar raíces vivas todo el año e integrar la ganadería cuando es posible. El resultado es un suelo más fértil y con mayor capacidad de infiltración, lo que aporta resiliencia frente a sequías e inundaciones y refuerza el capital natural de la explotación.
Las técnicas más habituales de la agricultura regenerativa son:
Cada práctica influye en el clima por un mecanismo distinto, que conviene tener claro para no confundir reducción de emisiones con secuestro de carbono:
| Práctica | Efecto climático principal | Vía |
|---|---|---|
| Mínima labranza | Evita liberar carbono y ahorra combustible | Reducción de emisiones y secuestro |
| Cultivos de cobertura | Aporta carbono al suelo y reduce erosión | Secuestro de carbono |
| Rotaciones y policultivos | Menor necesidad de fertilizantes de síntesis | Reducción de emisiones |
| Integración ganadera | Recicla nutrientes y activa el crecimiento vegetal | Secuestro de carbono |
| Aporte de materia orgánica | Aumenta la materia orgánica del suelo | Secuestro de carbono |
La agricultura regenerativa actúa sobre el clima por dos vías complementarias. La primera es la reducción de emisiones: menos laboreo significa menos consumo de combustible en la explotación, y un uso más ajustado de fertilizantes nitrogenados reduce las emisiones de óxido nitroso, un gas de efecto invernadero muy potente. La segunda es el secuestro de carbono: al aumentar la materia orgánica, el suelo actúa como sumidero de carbono, retirando CO2 de la atmósfera mediante la fotosíntesis de los cultivos y su incorporación al terreno.
Las estimaciones de captura varían mucho según el clima, el tipo de suelo, el cultivo y las prácticas aplicadas, por lo que conviene tratarlas como órdenes de magnitud y no como cifras universales. Existe consenso en que los suelos agrícolas tienen un potencial significativo de secuestro a escala global, pero ese potencial depende de mantener las prácticas en el tiempo. Estas soluciones se enmarcan en las soluciones basadas en la naturaleza.
Para saber si una explotación realmente reduce su impacto hay que medirlo. El cálculo de la huella de carbono agrícola combina las emisiones de la actividad (combustible, fertilizantes, energía, fermentación entérica del ganado) con las remociones asociadas al secuestro en suelo y biomasa. Dado que buena parte del impacto agroalimentario también es de agua, muchas explotaciones acompañan la medición con la huella hídrica agrícola.
El GHG Protocol ya cuenta con una norma específica para este ámbito: el Land Sector and Removals Standard, complementado por su guía de aplicación publicada en junio de 2026. Estandariza cómo contabilizar tanto las emisiones como el carbono capturado en cultivos, ganadería y cambios de uso del suelo. Lo analizamos en detalle en el artículo sobre el nuevo estándar del GHG Protocol para el sector agro.
El marco FLAG (Forest, Land and Agriculture) de la iniciativa Science Based Targets es el estándar que permite a las empresas con emisiones intensivas de tierra fijar objetivos climáticos basados en la ciencia. Exige objetivos FLAG a corto plazo, de 5 a 10 años, alineados con la trayectoria de 1,5 °C, y en el horizonte de cero neto una reducción de al menos el 72 % de las emisiones no más tarde de 2050.
La versión 1.2 de la guía FLAG, publicada el 19 de marzo de 2026, cambió dos requisitos que conviene conocer. El compromiso de no deforestación ya no tiene la antigua fecha fija del 31 de diciembre de 2025: ahora la fecha objetivo debe situarse como máximo dos años después de presentar los objetivos FLAG y nunca más tarde del 31 de diciembre de 2030. Y el año de corte se recomienda que no sea posterior a 2020; si lo es, no puede ser posterior a tres años antes de la presentación. Esta versión también alinea la guía con el Land Sector and Removals Standard del GHG Protocol. La agricultura regenerativa es una de las palancas para alcanzar estas metas en la cadena de valor agroalimentaria.
El carbon farming o agricultura del carbono va un paso más allá: consiste en gestionar la explotación específicamente para maximizar el secuestro, y en algunos casos generar créditos de carbono a partir del CO2 retirado. Aquí la medición rigurosa es imprescindible, porque un crédito solo tiene valor si el carbono capturado es real, adicional y duradero.
La agricultura regenerativa tiene un potencial real, pero conviene evitar el entusiasmo excesivo por varias razones:
Por todo ello, la regla de oro es medir antes de afirmar y basar cualquier reclamación en datos verificables.
Reduce ciertas emisiones y favorece el secuestro en suelo, pero el balance neto depende del contexto: clima, tipo de suelo, cultivo y prácticas. Por eso hay que medirlo caso a caso.
FLAG es el marco de SBTi para fijar objetivos climáticos en tierra y agricultura. Las prácticas regenerativas ayudan a las empresas a reducir sus emisiones FLAG y a cumplir el compromiso de no deforestación asociado, cuya fecha objetivo, desde la versión 1.2 de marzo de 2026, no puede ser posterior al 31 de diciembre de 2030.
No necesariamente. Puede reemitirse si se abandonan las prácticas, y el suelo tiende a saturarse. Por eso la permanencia es uno de los grandes retos del carbon farming.
Si quieres traducir las prácticas regenerativas en datos verificables, puedes calcular la huella de producto de tus referencias agroalimentarias con Manglai.
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad
Sobre el autor
Bióloga por la Universidad de Santiago de Compostela con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz.
Tras colaborar en estudios universitarios y trabajar como consultora ambiental, ahora aplico mi experiencia en Manglai. Me especializo en dirigir proyectos de sostenibilidad enfocados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Asesoro a clientes en medición y reducción de huella de carbono, contribuyo al desarrollo de nuestra plataforma y realizo formaciones internas. Mi experiencia combina rigor científico con aplicabilidad práctica en el ámbito empresarial.
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