Legislación y regulación
30 MARZO, 2026
•
4 MIN
Carolina Skarupa
Product Carbon Footprint Analyst

El 90% de las empresas seguirá reportando sostenibilidad aunque el paquete Ómnibus haya reducido sus obligaciones. Podría parecer el momento de bajar el ritmo, pero está ocurriendo justo lo contrario. Cada vez más compañías mantienen o refuerzan su reporting porque lo necesitan para seguir operando con normalidad, acceder a financiación o no quedarse fuera de determinadas cadenas de suministro. La presión ya no viene solo de la regulación, sino del propio mercado, y eso lo cambia todo.
Para entender el dato hay que situarlo. La Directiva Ómnibus (Directiva (UE) 2026/470), en vigor desde el 18 de marzo de 2026, elevó el umbral de la CSRD a las empresas con más de 1.000 empleados y más de 450 millones de euros de facturación. Con ese cambio, la Comisión calcula que cerca del 80% de las compañías que iban a estar obligadas quedan fuera del reporting obligatorio.
El dato relevante es lo que esas empresas dicen que harán: según una encuesta de osapiens publicada en 2026, en torno al 90% de las compañías que el Ómnibus saca del ámbito de la CSRD tiene previsto mantener o ampliar su reporting de sostenibilidad. Es decir, la ley deja de obligar, pero la práctica no se frena.
Ese cambio ya no es teórico, se está materializando en procesos muy concretos del día a día empresarial. La información ESG ha pasado a formar parte de decisiones clave como la financiación, las licitaciones o la homologación de proveedores, donde cada vez se exige un mayor nivel de detalle, coherencia y trazabilidad.
Las empresas identifican como principales motivos para seguir reportando la presión de inversores, las expectativas de sus clientes y los requisitos dentro de la cadena de suministro. No se trata, por tanto, de anticiparse a futuras normas, sino de responder a condiciones que ya están influyendo directamente en su capacidad de generar negocio.
En este contexto, dejar de reportar no simplifica la gestión, sino que reduce la visibilidad frente a actores clave. De hecho, casi 9 de cada 10 compañías mantendrán sus prácticas de reporting y, en muchos casos, las ampliarán, adaptándolas a un entorno donde la sostenibilidad ya forma parte de las reglas de juego.
Buena parte de esta presión se está trasladando a lo largo de las cadenas de suministro. Las grandes compañías, que siguen sujetas a marcos como la CSRD, necesitan datos fiables de sus proveedores para poder reportar con rigor, sobre todo en sus emisiones de alcance 3.
Esto está generando un efecto arrastre que alcanza a empresas que, en teoría, ya no están obligadas por ley. En la práctica, muchas de ellas siguen midiendo y reportando porque sus clientes lo exigen como condición para trabajar con ellas. Eso sí, el Ómnibus puso un límite: a las empresas de menos de 1.000 empleados no se les puede pedir más de lo previsto en el estándar voluntario VSME. Lo explicamos en el artículo sobre la CSRD para pymes y la cadena de suministro.
La sostenibilidad deja así de ser un ejercicio interno para convertirse en un lenguaje común dentro de las relaciones comerciales. No se trata solo de cumplir, sino de demostrar con datos que se está alineado con los estándares que marca el mercado.
Este cambio también está transformando el papel del reporting dentro de las organizaciones. Durante años se ha entendido como un ejercicio puntual, ligado a la elaboración de informes. Hoy empieza a integrarse en la operativa diaria.
La recogida y gestión de datos deja de ser un proceso aislado para convertirse en una capacidad continua, necesaria para responder con agilidad a inversores, clientes o partners. En este contexto, la calidad del dato y su trazabilidad pasan a ser críticas.
No es solo una cuestión de reporting, sino de estar preparado para operar en un entorno donde la sostenibilidad forma parte de cada decisión relevante.
Este nuevo escenario está poniendo en evidencia las limitaciones de muchos modelos actuales. Procesos manuales, hojas de cálculo dispersas o sistemas poco conectados dificultan responder a estas exigencias con consistencia y rapidez.
Por eso, cada vez más empresas están incorporando soluciones como Manglai, que permiten centralizar la información, automatizar la captura de datos y asegurar su trazabilidad. Más que una herramienta de reporting, se trata de construir una base sólida para gestionar la sostenibilidad como una variable real de negocio.
La relajación normativa no ha frenado el reporting en sostenibilidad. Lo ha transformado. En este nuevo escenario, la pregunta no es si reportar o no, sino cómo hacerlo de forma eficiente, fiable y alineada con las exigencias reales del negocio.
Por presión del mercado: inversores, bancos y grandes clientes siguen pidiendo datos ESG para evaluar riesgos y decidir con quién trabajan. Dejar de reportar puede cerrar el acceso a financiación y a determinadas cadenas de suministro.
De una encuesta de osapiens publicada en 2026 entre empresas europeas que el Ómnibus deja fuera del ámbito obligatorio de la CSRD: alrededor del 90% declara que mantendrá o ampliará su reporting de sostenibilidad.
Pueden usar el estándar voluntario para pymes (VSME), más ligero, u otros marcos de referencia. La clave no es tanto el formato como tener datos trazables y comparables.
Si tu empresa quiere mantener su reporting con datos fiables y bajo control, en Manglai te ayudamos a medir y reportar tu huella de carbono de forma automatizada y auditable.
Carolina Skarupa
Product Carbon Footprint Analyst
Sobre el autor
Licenciada en Ingeniería y Gestión Industrial en el Instituto de Tecnología de Karlsruhe con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz. Soy analista de producto en Manglai y asesoro a clientes en la medición de la huella de carbono. Me especializo en desarrollar programas orientados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Mi vocación por la preservación del entorno es clave para la implementación de planes de acción en el ámbito empresarial.
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