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25 MAYO, 2026
•
4 MIN
Andrés Cester
CEO & Co-Founder

Por cada tres euros que genera la economía mundial, uno se pierde. No por mala suerte ni por crisis puntuales, sino por el funcionamiento normal de un sistema diseñado para extraer, producir y tirar. El Circularity Gap Report 2026 lo cuantifica por primera vez con una cifra que cuesta imaginar: 25,4 billones de euros al año, el equivalente al 31% del PIB global, evaporados por la ineficiencia del modelo lineal.
El informe, elaborado por Circle Economy en colaboración con Deloitte, desglosa con bastante detalle por dónde se fuga ese valor. La vía más grande es el desperdicio al final de la vida útil de los productos, con unos 10 billones de euros anuales que se pierden cuando edificios, vehículos o maquinaria se descartan sin haber agotado su potencial. Le sigue el sistema energético, que pierde 8,7 billones entre la extracción, la conversión y el uso final, en gran parte por la dependencia de los combustibles fósiles. El deterioro prematuro de infraestructuras y activos de larga duración suma otros 5,2 billones. Y luego están las pérdidas durante el procesado industrial de materiales, cerca de un billón, y el desperdicio alimentario a lo largo de toda la cadena de suministro, que ronda los 650.000 millones de euros al año.
Hay algo llamativo en todo esto, y es que ninguno de estos billones perdidos aparece en los indicadores que usamos habitualmente para medir si una economía va bien o mal. El PIB registra lo que se produce, pero es bastante ciego a lo que se destruye en el proceso. Un edificio que se deteriora antes de tiempo no aparece como pérdida en ningún balance nacional. Los costes ambientales y sociales de la contaminación o el agotamiento de recursos tampoco.
El informe lo señala como un punto ciego relevante, porque son esos mismos indicadores los que orientan las decisiones de gobiernos, empresas e inversores. Si el mapa no muestra el agujero, es difícil esquivarlo.
La economía circular es el modelo alternativo al lineal. Donde el modelo tradicional extrae, produce y tira, el circular busca mantener los materiales y productos en uso el mayor tiempo posible, reparando, reutilizando, remanufacturando y, solo al final, reciclando. La idea no es nueva, pero este informe le da un argumento económico que hasta ahora faltaba: cada vez que un producto se descarta antes de tiempo, cada vez que un material se pierde en el proceso productivo o cada vez que un activo se deteriora por falta de mantenimiento, hay un coste real y cuantificable que alguien acaba pagando.
Dicho de otra manera, la circularidad no es solo una estrategia medioambiental. Es una forma más eficiente de gestionar el valor que ya existe en los materiales, los productos y los activos. Y según el informe, el potencial de recuperación es enorme, porque la mayor parte de esas pérdidas no son inevitables sino consecuencia directa de cómo está diseñado el sistema actual.
Aquí es donde el análisis se vuelve interesante para quienes ya trabajan con otra lógica, la de mantener productos en uso más tiempo, recuperar materiales o reducir lo que se extrae desde el principio. Porque el Value Gap no es solo una medida de lo que se pierde, sino también de lo que podría recuperarse.
El informe identifica cuatro mecanismos detrás de este despilfarro:
Para las empresas que ya están midiendo y gestionando su impacto ambiental, este análisis confirma algo que la práctica cotidiana ya sugería: no puedes reducir lo que no mides, y no puedes mejorar lo que no gestionas. Herramientas como Manglai, que permiten consolidar en una sola plataforma los datos de carbono, agua y residuos de toda la organización, responden exactamente a la necesidad de convertir datos dispersos en decisiones concretas que reduzcan tanto el impacto ambiental como los costes operativos.
El informe distribuye responsabilidades con bastante claridad. Las empresas tienen trabajo en identificar dónde se pierden materiales y valor dentro de sus propias cadenas, en explorar modelos de negocio que desacoplen el crecimiento del consumo de recursos, y en colaborar con proveedores y competidores para crear infraestructuras circulares compartidas.
Los inversores y financiadores tienen un papel igual de relevante. Valorar activos sin considerar su durabilidad, su capacidad de ser reparados o recuperados, o su exposición a riesgos de escasez de materiales, es una decisión con consecuencias cada vez más tangibles. El informe señala que este cambio ya está ocurriendo en el ámbito climático, con bancos centrales y reguladores incorporando riesgos de transición en sus marcos, y que el paso siguiente sería extenderlo a los recursos materiales.
Para los gobiernos, el argumento es más sencillo todavía. Mientras los precios no reflejen los costes reales de extraer, contaminar y desperdiciar, las alternativas circulares van a seguir pareciendo más caras de lo que realmente son. Corregir esas señales, a través de fiscalidad o regulación, es básicamente corregir un fallo de mercado que lleva décadas acumulando costes no contabilizados.
El Circularity Gap Report 2026 tiene el mérito de traducir un problema que solía vivir en el terreno ambiental a un lenguaje que entienden también los economistas y los consejos de administración. El coste de la economía lineal no es solo ecológico, es económico, es medible, y en buena parte es evitable.
El primer paso para cualquier empresa que quiera estar en el lado correcto de esa ecuación es tener visibilidad real sobre su propio impacto. Sin datos fiables y centralizados, la gestión ambiental sigue siendo una tarea manual, fragmentada y difícil de escalar. Lo que viene después depende bastante de si esa información empieza a usarse para tomar decisiones distintas.
Andrés Cester
CEO & Co-Founder
Sobre el autor
Andrés Cester es el CEO de Manglai, empresa que cofundó en 2023. Antes de emprender este proyecto, fue cofundador y co-CEO de Colvin, donde adquirió experiencia en puestos de responsabilidad combinando su visión emprendedora con la gestión de equipos multidisciplinares. Lidera el rumbo estratégico de Manglai mediante el desarrollo de soluciones basadas en inteligencia artificial para ayudar a las empresas a optimizar sus procesos y reducir su impacto ambiental.
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