Volver al blog
Huella de producto
Carolina Skarupa
Product Carbon Footprint Analyst
Elegir correctamente los límites de un Análisis de Ciclo de Vida (ACV) determina la fiabilidad del estudio, su utilidad estratégica y su validez regulatoria.
En proyectos reales de sostenibilidad, más del 80 % de los errores metodológicos no se deben a factores de emisión incorrectos, sino a límites de sistema mal definidos o insuficientemente justificados.
Este artículo analizamos en profundidad las dos aproximaciones más utilizadas en ACV, de la cuna a la puerta y de la cuna a la tumba, desde una perspectiva técnica, estratégica y regulatoria, con el objetivo es ayudarte a elegir el enfoque adecuado según el propósito del estudio, el tipo de producto, el sector y las exigencias de reporting actuales (huella de carbono, CSRD, eco-diseño y declaraciones ambientales).
Definir los límites del sistema en un ACV implica determinar qué etapas del ciclo de vida se incluyen y cuáles se excluyen del análisis ambiental. Esta decisión establece el perímetro técnico del estudio y condiciona directamente los resultados obtenidos.
Un límite mal definido genera impactos incompletos, resultados no comparables y conclusiones estratégicamente erróneas.
Por el contrario, un límite correctamente justificado permite tomar decisiones sólidas, defender el estudio ante auditorías y conectar el ACV con métricas ESG y reporting regulatorio.
En términos prácticos, los límites del sistema determinan:
Un ACV de la cuna a la puerta (cradle to gate) analiza los impactos ambientales desde la extracción de materias primas hasta el momento en que el producto sale del proceso productivo. El análisis se detiene en la “puerta” de la fábrica o del centro de producción.
Este enfoque incluye todas las actividades aguas arriba necesarias para fabricar el producto, como la obtención y transformación de materiales, los transportes intermedios y los procesos industriales internos. Sin embargo, excluye la distribución al cliente final, la fase de uso y el fin de vida.
Desde un punto de vista metodológico, el cradle to gate se centra en aquello que el fabricante controla directamente, lo que reduce la incertidumbre y aumenta la trazabilidad del dato.
Un ACV de la cuna a la puerta es la opción correcta cuando el producto analizado no es un bien final, sino un componente, material o ingrediente que se integra en otro sistema más amplio.
También es el enfoque más utilizado cuando el objetivo del estudio es:
El ACV de la cuna a la puerta destaca por su robustez metodológica. Al centrarse exclusivamente en procesos controlados por la organización, reduce la dependencia de hipótesis externas y escenarios especulativos.
Entre sus ventajas principales destacan:
En proyectos reales de medición ambiental, los ACV cradle to gate reducen errores metodológicos en torno a un 30 % frente a estudios excesivamente amplios que no disponen de datos fiables en fases posteriores del ciclo de vida.
A pesar de su solidez técnica, este enfoque tiene limitaciones claras. Un ACV cradle to gate no permite evaluar el impacto ambiental total de un producto, ya que excluye etapas que, en muchos casos, concentran la mayor parte de las emisiones o impactos.
Este enfoque resulta insuficiente cuando:
Un cradle to gate no permite afirmar que un producto es “más sostenible” en términos absolutos, sino únicamente que su proceso productivo es más eficiente.
Un ACV de la cuna a la tumba (cradle to grave) analiza el ciclo de vida completo del producto, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final.
Este enfoque incorpora, además de la producción, la distribución, la fase de uso, el mantenimiento y los escenarios de fin de vida. Es el análisis más completo desde un punto de vista ambiental y el que ofrece una visión verdaderamente sistémica del producto.
Desde el punto de vista técnico, el cradle to grave requiere modelizar comportamientos de usuario, escenarios logísticos y opciones de fin de vida, lo que incrementa la complejidad y la exigencia metodológica.
El ACV de la cuna a la tumba es necesario cuando:
La principal fortaleza del cradle to grave es su capacidad para identificar impactos ocultos que no aparecen en análisis limitados a producción. Este enfoque permite detectar oportunidades reales de reducción de impacto en diseño, durabilidad, eficiencia energética y fin de vida.
Además, es el único enfoque válido cuando el ACV se utiliza como base para:
Un ACV cradle to grave bien ejecutado identifica hasta tres veces más palancas de mejora ambiental que un análisis limitado a la fase productiva.
El principal riesgo de este enfoque es la dependencia excesiva de supuestos. Datos de uso poco representativos, escenarios de fin de vida irreales o hipótesis no documentadas pueden comprometer la validez del estudio.
En auditorías técnicas es frecuente encontrar ACV cradle to grave con:
Por este motivo, un ACV amplio sin datos sólidos es peor que un ACV más acotado pero metodológicamente robusto.
La elección del límite correcto debe partir siempre del objetivo del estudio. No existe un enfoque universalmente mejor; existe el enfoque adecuado para cada decisión.
Una regla práctica validada en proyectos industriales es clara: si más del 60 % del impacto ocurre fuera de la fábrica, un ACV de la cuna a la puerta es insuficiente.
Además, es fundamental evaluar la capacidad real de la organización para recopilar datos fiables. En este punto, plataformas especializadas como Manglai permiten estructurar ACV progresivos, modelizar escenarios de uso y fin de vida con trazabilidad y conectar el análisis con huella de carbono y reporting CSRD, tal y como se explica en varios artículos del blog de Manglai.
La CSRD exige coherencia entre estrategia, riesgos, métricas y objetivos. Un ACV mal delimitado genera indicadores inconsistentes y debilita la narrativa ESG de la organización.
Por el contrario, un ACV correctamente acotado y documentado permite:
Elegir entre cuna a la puerta y cuna a la tumba es una decisión estratégica, no un formalismo metodológico.
Las organizaciones que dominan el ACV definen primero el objetivo, delimitan con rigor, documentan supuestos y escalan el análisis de forma progresiva.
Un ACV bien delimitado reduce riesgos, mejora decisiones y refuerza la credibilidad ESG. Y, sobre todo, convierte los datos ambientales en una herramienta real de gestión y no en un simple ejercicio de cumplimiento.
No. Es mejor el ACV que responde con precisión al objetivo definido.
Sí. Es la estrategia más eficiente y la más utilizada por organizaciones maduras.
No. ISO 14040 y 14044 exigen justificar el límite, no imponer uno específico.
Cuanto mayor es el alcance, mayor es la exigencia de transparencia y rigor metodológico.
Carolina Skarupa
Product Carbon Footprint Analyst
Sobre el autor
Licenciada en Ingeniería y Gestión Industrial en el Instituto de Tecnología de Karlsruhe con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz. Soy analista de producto en Manglai y asesoro a clientes en la medición de la huella de carbono. Me especializo en desarrollar programas orientados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Mi vocación por la preservación del entorno es clave para la implementación de planes de acción en el ámbito empresarial.
Empresas que confían en nosotros

Descubre cómo cumplir con el RD 1055/2022 y aplicar la RAP en envases comerciales e industriales para mejorar la sostenibilidad.
13 octubre, 2025
Entiende la diferencia entre impacto directo e indirecto en el análisis ambiental.
09 julio, 2025
Aprende cómo la transparencia en productos impulsa la sostenibilidad y la elección informada.
07 julio, 2025
Guiding businesses towards net-zero emissions through AI-driven solutions.
Producto y Precios
¿Por qué Manglai?
Funcionalidades
SQAS
GLEC
Certificación MITECO
ISO-14064
CSRD
Planes
Clientes
Partners