Huella hídrica
26 MAYO, 2025
•
4 MIN
Jaume Fontal
CPTO & Co-Founder

La agricultura utiliza, según la FAO, en torno al 70 % del agua dulce extraída en el mundo. Este dato sitúa al sector primario en el centro de la conversación sobre el agua y la sostenibilidad. Cuando un productor conoce el volumen de agua azul, verde y gris que demandan sus parcelas, dispone de un indicador cuantitativo para actuar con la misma precisión con la que ajusta la fertilización o el riego.
Hablar de huella hídrica agrícola ya no es solo una cuestión académica. Es un asunto económico, porque un consumo excesivo eleva la factura energética de los bombeos. Es un asunto normativo, porque la Directiva Marco del Agua de la UE persigue el buen estado de las masas de agua y condiciona las extracciones en cuencas sobreexplotadas. Y es un argumento de mercado, porque muchas cadenas de distribución piden a sus proveedores evidencias de un uso responsable del agua.
La huella hídrica agrícola integra en un solo resultado el agua de riego extraída de pozos o canales (huella azul), la lluvia almacenada en el suelo y consumida por la planta (huella verde) y el agua necesaria para asimilar los fertilizantes y fitosanitarios hasta cumplir los estándares de calidad (huella gris).
El peso de cada componente cambia mucho según el cultivo y el sistema de producción. Un cultivo de regadío intensivo, como el arroz por inundación, tiene una huella azul muy alta; un cultivo de secano depende casi por completo del agua verde de la lluvia. Por eso, la sostenibilidad de un cultivo no se explica solo por el tipo de planta, sino por el clima, el sistema de riego y la eficiencia en el uso de los nutrientes.
En general, los cultivos de regadío en zonas áridas, como el algodón o el arroz, presentan una huella azul elevada, mientras que los cultivos de secano mantienen una huella azul baja porque se apoyan en la lluvia. El olivar de secano, por ejemplo, depende mayoritariamente del agua verde, lo que reduce su presión sobre ríos y acuíferos frente a otros aceites vegetales que requieren riego de apoyo.
Las cifras exactas por kilogramo varían mucho de un estudio a otro y de una región a otra, por lo que conviene tomarlas siempre como estimaciones dependientes del contexto. Las referencias internacionales más citadas son las estimaciones de la Water Footprint Network (Mekonnen y Hoekstra). La elección de la variedad, la densidad de plantación o la incorporación de materia orgánica al suelo pueden modificar estos valores de forma apreciable.
Existen prácticas agronómicas bien contrastadas para reducir el consumo de agua sin penalizar el rendimiento:
Todas estas medidas pueden integrarse en una evaluación de la huella hídrica como la que describimos paso a paso en nuestro artículo sobre cómo medir la huella hídrica corporativa.
Reducir el agua bombeada disminuye el consumo eléctrico y, por tanto, la factura energética de la explotación, un coste cada vez más relevante. Además, acreditar un uso eficiente del agua facilita el acceso a sellos y certificaciones de producción sostenible que muchos compradores ya exigen, y mejora la resiliencia de la explotación frente a sequías y restricciones de riego. La sostenibilidad hídrica, bien planteada, es un factor de competitividad.
Medir con rigor la huella hídrica agrícola es el primer paso para optimizar recursos, reducir costes y proteger la explotación frente a la variabilidad climática. Conocer los datos de consumo permite decidir dónde invertir con mayor retorno.
Para completar la visión, puedes leer también sobre la huella hídrica azul, la huella hídrica verde y el agua virtual de los alimentos.
Porque el riego de los cultivos representa la mayor parte de las extracciones de agua dulce: según la FAO, alrededor del 70 % a escala global. El agua de lluvia que consumen los cultivos (huella verde) se suma a ese consumo.
La recarga de acuíferos o el uso de agua regenerada pueden compensar parte de la extracción, pero la prioridad siempre es evitar el consumo innecesario en origen mediante un riego y un manejo más eficientes.
Los sensores de humedad del suelo, las estaciones meteorológicas y la programación del riego según la evapotranspiración permiten aplicar solo el agua necesaria, reduciendo el consumo y el coste energético.
Para medir y reducir la huella hídrica de tu actividad agrícola con datos trazables, puedes apoyarte en la solución de huella hídrica de Manglai.
Jaume Fontal
CPTO & Co-Founder
Sobre el autor
Jaume Fontal es un profesional tecnológico que actualmente ejerce como CPTO (Chief Product and Technology Officer) en Manglai, empresa que cofundó en 2023. Antes de emprender este proyecto, acumuló experiencia como director de tecnología y producto en Colvin y trabajó durante más de una década en Softonic. En Manglai, desarrolla soluciones basadas en inteligencia artificial para ayudar a las empresas a medir y reducir su huella de carbono.
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