Reducción de emisiones
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad

La captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés Carbon Capture and Storage) es un conjunto de tecnologías que capturan el CO2 de una fuente (una chimenea industrial o una central) o directamente del aire, lo transportan y lo almacenan de forma permanente en formaciones geológicas profundas, como acuíferos salinos o yacimientos agotados de petróleo y gas.
Cuando al proceso se le añade el uso o valorización del CO2 capturado (por ejemplo en materiales, combustibles sintéticos o productos químicos), se habla de CCUS (Carbon Capture, Utilisation and Storage). Es una diferencia importante: muchos de esos usos solo retrasan la reemisión del CO2 y no equivalen a un almacenamiento permanente.
La CCS/CCUS se plantea sobre todo para las emisiones que son muy difíciles de eliminar de otra forma, las llamadas emisiones residuales de sectores difíciles de abatir. No es una alternativa a reducir emisiones, sino un complemento acotado.
La CCS persigue evitar que el CO2 llegue a la atmósfera capturándolo y almacenándolo bajo tierra de forma indefinida. La CCUS añade una tercera vía a la del almacenamiento: dar un uso al CO2 capturado. Ambas comparten la fase de captura, pero difieren en el destino final del gas.
La distinción es más que terminológica. El almacenamiento geológico bien gestionado retiene el CO2 durante siglos, mientras que buena parte de los usos (por ejemplo incorporarlo a un combustible que después se quema) lo devuelven a la atmósfera en poco tiempo. Por eso conviene no confundir la CCS/CCUS con la remoción de carbono ni con la compensación de emisiones mediante créditos de carbono: capturar el CO2 en una chimenea evita una emisión concreta, algo distinto de retirar CO2 histórico del aire o de financiar una reducción en otro lugar.
La captura y almacenamiento de carbono no es una sola tecnología, sino una cadena de tres eslabones que deben funcionar de forma coordinada.
| Etapa | En qué consiste | Opciones habituales |
|---|---|---|
| 1. Captura | Separar el CO2 del resto de gases en el punto de emisión o del aire | Postcombustión, precombustión, oxicombustión, captura directa del aire (DAC) |
| 2. Transporte | Llevar el CO2 capturado y comprimido hasta el lugar de almacenamiento o uso | Tubería (pipeline) o barco |
| 3. Almacenamiento o uso | Inyectar el CO2 en el subsuelo de forma permanente o valorizarlo | Acuíferos salinos, yacimientos agotados de petróleo y gas, o uso industrial |
El almacenamiento geológico aprovecha formaciones porosas a gran profundidad selladas por capas de roca impermeable. Estos sumideros de carbono geológicos pueden retener el CO2 de forma estable durante largos periodos, siempre que el emplazamiento se seleccione, se monitorice y se cierre con las garantías adecuadas. Cuando el objetivo es el almacenamiento de carbono definitivo, esta es la vía que ofrece mayor permanencia.
La captura es el eslabón técnicamente más exigente y, con diferencia, el más caro de la cadena. Existen cuatro enfoques principales.
| Tecnología | Cómo funciona | Aplicación típica |
|---|---|---|
| Postcombustión | Separa el CO2 de los gases de escape tras la combustión, normalmente con disolventes de aminas | Centrales y plantas industriales existentes (readaptación) |
| Precombustión | Convierte el combustible en un gas de síntesis y captura el CO2 antes de la combustión | Producción de hidrógeno y procesos con gasificación |
| Oxicombustión | Quema el combustible con oxígeno casi puro para obtener una corriente concentrada de CO2 | Cemento y determinados procesos industriales |
| Captura directa del aire (DAC) | Extrae CO2 directamente de la atmósfera, donde está muy diluido | Retirada de CO2 no ligada a una fuente concreta |
La captura postcombustión con aminas es la opción más madura para readaptar instalaciones ya existentes. La captura directa del aire, en cambio, no depende de una chimenea concreta, pero es mucho más costosa porque el CO2 en la atmósfera está extraordinariamente diluido.
El principal argumento a favor de la CCUS está en los sectores hard-to-abate, difíciles de descarbonizar. En el cemento, el hierro y el acero, y buena parte de la química, una fracción del CO2 no procede de quemar combustible, sino que es inherente al propio proceso. El caso más claro es la calcinación de la caliza para fabricar cemento: la reacción química libera CO2 aunque el horno funcionase con energía totalmente limpia.
En estos procesos, donde electrificar o cambiar de combustible no elimina toda la emisión, la CCUS es una de las pocas vías disponibles hoy para esa fracción de las emisiones. Por eso aparece de forma recurrente en las hojas de ruta industriales y en cualquier estrategia de descarbonización de la industria pesada. En Europa ya hay plantas de cemento que operan o están construyendo instalaciones de captura a escala industrial, aunque siguen siendo casos contados.
Conviene enmarcarlo bien: la CCUS ayuda a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero más difíciles de eliminar, pero no sustituye a la eficiencia, la electrificación ni al cambio de materiales. Es una pieza más dentro de un plan más amplio, tal y como se aborda en cómo elaborar y ejecutar un plan de descarbonización.
La CCS/CCUS ha ganado protagonismo en la política climática de la UE, con dos piezas normativas especialmente relevantes.
El Reglamento (UE) 2024/3012, de 27 de noviembre de 2024, en vigor desde el 26 de diciembre de 2024, establece un marco de certificación de la Unión para las absorciones permanentes de carbono, la carbonocultura (carbon farming) y el almacenamiento de carbono en productos, conocido como CRCF (Carbon Removal Certification Framework). Es un marco voluntario que fija criterios de calidad bajo el acrónimo QU.A.L.ITY: cuantificación, adicionalidad, almacenamiento a largo plazo y sostenibilidad, con verificación a cargo de organismos de certificación independientes. El Reglamento Delegado (UE) 2026/285, de 3 de febrero de 2026, lo complementa estableciendo las metodologías de certificación para las actividades de absorción permanente de carbono.
La Net-Zero Industry Act, el Reglamento (UE) 2024/1735, fija en su artículo 20 el objetivo de alcanzar en la UE una capacidad anual de inyección de CO2 de al menos 50 millones de toneladas para 2030. Su artículo 23 impone además a los titulares de autorizaciones de producción de petróleo y gas una contribución individual a ese objetivo, calculada en proporción a su cuota en la producción de la Unión entre 2020 y 2023, para acelerar la disponibilidad de emplazamientos.
Estas normas conviven con instrumentos como el sistema de comercio de emisiones de la UE (EU ETS), que pone precio a la tonelada emitida y mejora la rentabilidad relativa de capturar el CO2 frente a liberarlo.
La CCS/CCUS es útil, pero no es una solución milagrosa, y comunicarla con rigor es esencial para evitar expectativas infladas. Estos son sus principales límites.
El ritmo real de despliegue invita a la prudencia: los altos costes de inversión y operación han hecho que muchos proyectos se retrasen o se cancelen, y la capacidad en funcionamiento va muy por detrás de la que suponen los escenarios de descarbonización. Es un matiz importante: la CCUS será una herramienta necesaria para ciertas emisiones, pero no la palanca principal de la transición.
La conclusión de fondo es clara: la CCS/CCUS complementa, pero no sustituye, la reducción de emisiones. Tiene sentido sobre todo para las emisiones residuales de procesos difíciles de abatir, dentro de una senda de descarbonización que priorice recortar la huella de carbono en origen. Es una pieza del camino hacia las emisiones netas cero y la neutralidad climática, no un atajo que permita seguir emitiendo igual.
La CCS captura el CO2 y lo almacena de forma permanente en el subsuelo. La CCUS añade el uso o valorización del CO2 capturado (materiales, combustibles, química). Muchos de esos usos solo retrasan la reemisión, por lo que no equivalen a un almacenamiento permanente.
No. La CCS/CCUS es un complemento acotado, pensado sobre todo para las emisiones residuales de sectores difíciles de abatir. La prioridad sigue siendo reducir emisiones mediante eficiencia, electrificación y energías limpias.
Para los sectores difíciles de abatir, como el cemento, el hierro y el acero, y la química, donde una parte del CO2 es inherente al proceso (por ejemplo la calcinación de la caliza) y no puede eliminarse solo cambiando de fuente de energía.
Sí, el coste es su mayor reto. La captura es el eslabón más caro de la cadena, especialmente en fuentes diluidas como las centrales o el cemento, y la energía que consume el proceso es una parte importante del coste de operación.
Antes de plantearse capturar, lo que marca la diferencia es medir y reducir: con Manglai puedes calcular tu huella de carbono por alcances y construir un plan de reducción con datos trazables.
Paula Otero
Consultora en medio ambiente y sostenibilidad
Sobre el autor
Bióloga por la Universidad de Santiago de Compostela con máster en Gestión y Conservación del Medio Natural de la Universidad de Cádiz.
Tras colaborar en estudios universitarios y trabajar como consultora ambiental, ahora aplico mi experiencia en Manglai. Me especializo en dirigir proyectos de sostenibilidad enfocados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para empresas. Asesoro a clientes en medición y reducción de huella de carbono, contribuyo al desarrollo de nuestra plataforma y realizo formaciones internas. Mi experiencia combina rigor científico con aplicabilidad práctica en el ámbito empresarial.
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