La huella de carbono incorporada, también llamada carbono embebido o embodied carbon, es la suma de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) liberadas en las fases de extracción de materias primas, producción y distribución de un producto hasta que sale de la puerta de fábrica. Se expresa en CO2 equivalente.
Corresponde a un límite del sistema Cradle-to-Gate (“de la cuna a la puerta”): no incluye las emisiones de la fase de uso ni del fin de vida, lo que la diferencia de un análisis Cradle-to-Grave (de la cuna a la tumba).
El carbono incorporado es especialmente relevante en sectores intensivos en materiales, como la construcción. Según el World Green Building Council, los edificios representan en torno al 39 % de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía, de las cuales aproximadamente un 11 % corresponde a los materiales y la construcción (carbono incorporado) y el resto al uso del edificio.
A medida que los edificios son más eficientes en su fase de uso, el peso relativo del carbono incorporado crece: en edificios de altas prestaciones, próximos a cero emisiones operativas, puede llegar a suponer la mitad o más de las emisiones de todo el ciclo de vida. Por eso reducir el carbono incorporado de materiales como el acero, el cemento o el vidrio es una palanca clave de descarbonización.
Para el cálculo en construcción se emplean herramientas como One Click LCA o Tally, mientras que para productos industriales son habituales SimaPro u OpenLCA. La integración con modelos BIM permite estimar el carbono incorporado desde las fases tempranas de diseño.
El carbono incorporado se ha convertido en un eje prioritario de la descarbonización industrial y de la construcción. Reducirlo exige innovación en materiales, electrificación de procesos, economía circular y transparencia a través de EPD y DPP. En Manglai ayudamos a las empresas a medir su huella de carbono y a preparar su información de sostenibilidad. Descubre cómo Manglai puede ayudarte.
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